Los Consumos Culturales en jóvenes

 

Los consumos culturales de jóvenes en la época contemporánea: información, relación y entretenimiento en el uso de la tecnología [1].



Robert Cornelius, primera Selfie  1839

 Autores: Collado, Andrés – Ortiz, Mariana.


Problema y objetivos de investigación

 

La intención del proyecto consistió en el análisis del modo en que los jóvenes contemporáneos hacen uso de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de información y comunicación. Para esto, propusimos sintetizar el consumo comunicacional y cultural de este grupo en tres categorías de largo aliento en las teorías de la comunicación: la relación, la información y el entretenimiento. Los aportes arrojados por nuestras indagaciones, nos aproxima a la comprensión de los usos de las tecnologías más allá de las propuestas por el mercado, reconocer cuáles son sus consecuencias en la relación entre sujetos, indagar cómo nuestros jóvenes interpretan los datos del mundo que los rodea y cuáles son sus valoraciones con respecto a las categorías propuestas por el mismo trabajo. A continuación, sintetizamos uno de los bloques sobre la información (de seis bloques del total) donde puede observarse uno de los nudos conceptuales del trabajo realizado. Los objetivos de este apartado lo explicamos más adelante por razones de comodidad en la lectura.

 

  1. Marco teórico.

 

Uno de los aspectos relevantes de esta investigación consistió en una relectura rigurosa de las vastas producciones intelectuales en torno a las categorías de información, relación y entretenimiento para poder lograr una síntesis significativa de ellas. La propuesta teórica que orienta la pesquisa, se centra en que estas tres categorías constituyen momentos claves, prácticas culturales específicas, para interpretar el modo en que han ido cambiando las formas de relación entre las personas.

 

Respecto de la información, recuperamos los aportes de Bernard Stiegler, para quien ésta es en la actualidad una mercancía más. Y ello, en la medida en que, con el desarrollo del capital, al reconfigurar las relaciones en meros contactos ha provocado, además, que aquellos saberes se mercantilicen en mero dato (información) que ha adquirido en el proceso histórico las características de una mercancía más (STIEGLER: 1994). De esta perspectiva de análisis, es posible comprender que un sistema social basado en estos contactos efímeros y no ya en relaciones sociales complejas no soporta la densidad (producción, circulación y acceso) del conocimiento, sino que se construye a partir de una estricta selección y difusión de acontecimientos mercantilizados: las noticias.

 

De ello resulta, escribirá Stiegler, “…una verdadera industrialización del presente: efectivamente un acontecimiento no tiene lugar, no accede al rango de acontecimiento, si no es ‘cubierto’; incluso si no puede ser reducido a ese puro artificio, el tiempo es siempre al menos coproducido por los medios” (STIEGLER: 1994, 2). De modo tal que, industrializado el ahora-ya mismo, no hay conmemoración posible de un tiempo otro, de ese tiempo del recuerdo, que es la propia historia. De esta manera, lo que hoy entendemos por ‘información’ es sólo un aspecto, y no el más decisivo, del saber humano. La información es algo externo y técnicamente articulado, que se halla a nuestra disposición a través de los medios de comunicación. Esta salvedad nos permitió comprender la diferencia entre información y conocimiento. “El conocimiento, en cambio, implica un proceso más amplio: se trata de una actividad vital que supone un crecimiento interno y una potenciación de nuestra capacidad operativa. La información sólo tiene valor para el que sabe qué hacer con ella: dónde buscarla, cómo seleccionarla, qué valor tiene lo que se ha obtenido y –por último- cómo utilizarla. Por el contrario, el conocimiento es un fin en sí mismo que no necesariamente apunta a lograr algo útil […] El conocimiento es originario, crítico, personalizado, dialógico, emergente” (MARTIN: 2003, 38-39).

 

En los estudios de comunicación el término relación tiene un lugar singular, su uso es tan habitual como diverso. En primer lugar, recuperamos su significado a partir del origen etimológico de la palabra comunicación. Del latín, proviene del término comunicare que significa compartir, poner en común. Evidentemente para que algo pueda ser compartido es necesario el vínculo entre las personas. Este origen etimológico latino de la palabra comunicación resulta interesante como concepto cultural: la común unión que supone estar relacionado (compartir, comunicarnos) no es pasar nada de uno a otro. Estrictamente aquí, hay una sustantiva diferencia con la información, entendida como dato susceptible de ser transmitido. Escribió Schmucler al respecto: “La idea de poner en común, no es que todo sepamos lo mismo, sino que todos vivamos lo mismo; no que todos somos poseedores, sino que nadie es poseedor en la medida en que algo es de todos” (Schmucler, 1998, 8).

 

Es decir que el término relación explica el significado de la palabra comunicación y le otorga un carácter ontológico, en la medida en que define una manera de ser en el mundo: somos con los otros. De esta manera, evidencia un fenómeno vivido por los seres humanos, exclusivamente por ellos, aludiendo a la manera de ser en el mundo con los demás. “No es concebido el ser humano si no es en relación a otro. Pero en esta relación no se pierde el ser humano, sino que se genera el ser humano” (Schmucler, 1998, 8). Complementariamente a esta mirada, como categoría teórica recuperamos la propuesta de la Escuela de Palo Alto, cuyo uno de sus principales referentes es Daniel Bougnoux. El desarrollo de esta Escuela es sumamente complejo porque su constitución señala no un lugar de origen sino un evento, por lo que sus documentos son difíciles de rastrear dentro de las bibliografías. Sin embargo, tomamos los aportes iniciales del trabajo del intelectual francés en su “Introducción a las ciencias de la comunicación” (2005).

 

En cuanto a la práctica del entretenimiento, identificamos en nuestra investigación que está presente en toda una serie de actividades y producciones altamente reconocidas y valoradas de nuestra vida diaria. Su equivalente en inglés entertainment participa de la marca de empresas y corporaciones dedicadas al negocio de los entretenimientos presentando una infinidad de productos desde películas, merchandising, actividades recreativas, en el turismo de todo tipo, etc. Sumado a esto, también el entretenimiento es leiv motiv de actividades domésticas con un nuevo significado en la vida contemporánea: el ejemplo paradigmático global, la empresa Mc Donald, difunde la idea del comer como una actividad que no debería ser monótona, puede ser entretenida, la caja feliz es el signo de este cambio en la consideración simbólica del comer (BUSTAMANTE, 2009).

 

Tenemos en cuenta que incluso el sistema educativo y la escolaridad son acusados de ser espacios “aburridos”, aludiendo a la falta del entretenimiento en la trasmisión de los contenidos. En nuestra investigación, identificamos la manera en que se apela hoy a que la educación del siglo XXI sea “entretenida” como discurso social hegemónico.

 

Estos atributos de reconocimiento positivo al término parecen tener una historia breve.  No hace mucho tiempo estar entretenido indicaba una mala señal dentro de algunas actividades. Incluso sus antónimos eran diferentes entretenido-aburrido, desplaza en muchas ocasiones a la dicotomía entretenido-distraído. Recordamos que ya la categoría de entretenimiento apareció en los estudios funcionalistas en los Estados Unidos de América del Norte, pero se encuentra dispersa en la opinión de muchos intelectuales dedicados al estudio e investigación en comunicación a posteriori de aquella corriente teórica. Como material de base para estos rastreos contamos con el reconocido aporte de Mauro Wolf “La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas.” (WOLF: 1985).

 

  1. Aspectos metodológicos

 

El recorrido metodológico consistió en el análisis de una encuesta con la que pudimos relevar aspectos cualitativos y cuantitativos, respecto a las tres categorías consideradas en la investigación. El instrumento contó con alrededor de 30 interrogantes que contemplaban la utilización de medios con las diferentes variables, y algunos otros a modo de evaluación de la conectividad y presencia y disponibilidad de las NTIyC. Otro grupo de interrogantes, nos permitieron explorarar las definiciones propias de las personas entrevistadas sobre las categorías en cuestión. Esto representó el momento cualitativo de las encuestas.

 

Respecto del carácter cuantitativo del proyecto, estas tareas fueron proyectadas como resultado del relevamiento de datos mediante la aplicación del instrumento a una muestra representativa (268 encuestas personales) y aleatoria del universo compuesto por los ingresantes al IES 9-015 Valle de Uco, durante la cohorte 2014. Como técnicas de análisis se utilizó la asociación de estas variables.

 

a)      “Lo juvenil” como colectivo constitutivo de la enseñanza del nivel superior

 

En los primeros momentos de la investigación recurríamos a un sentido familiar de jóvenes y de juventud, ideas corrientes sobre conductas, costumbres, incluso fisonomía, de un conjunto de personas. Rápidamente caímos en la cuenta de reconsiderar los planteos iniciales para aproximarnos teórica y metodológicamente a la complejidad de este grupo, quienes son característica constitutiva de los ingresantes de una institución de estudios superiores. Tomamos algunos planteos elaborados por Mario Margulis, reconocido referente sobre el tema de juventudes, y construimos un modesto marco teórico para aproximarnos en lo metodológico con menos ingenuidad sobre la singularidad de este grupo al cual denominamos jóvenes. 

 

Siguiendo entonces las ideas de Margulis reconocemos una primera aproximación considerando que “Juventud alude a la identidad social de los sujetos involucrados. Identifica y, ya que toda identidad es relacional, refiere a sistemas de relaciones”. (MARGULIS: 1996, 105). Y si sólo una definición estuviese en juego dentro de estas primeras ideas podríamos tomar que “juventud es un significante complejo que contiene en su intimidad las múltiples modalidades que llevan a procesar socialmente la condición de edad, tomando en cuenta la diferenciación social, la inserción en la familia y en otras instituciones, el género, el barrio o la microcultura grupal” (MARGULIS: 1996, 106).

 

Entonces esta idea extendida en las opiniones personales de juventud como un momento anclado en un segmento de edad, una instancia presente en la vida de todas las personas está limitada cuando lo relacional entra en juego. Un o una joven lo es dentro de una red de relaciones que a su vez juega entre otras relaciones más generales. El lugar primario donde se pueda reconocer esta función dentro de un grupo es en la familia. Reconocemos a los jóvenes en el ámbito familiar porque es ese miembro que, si bien tiene actividades, estas no se relacionan con el sustento del grupo. No tienen la responsabilidad de organizar las tareas ni de proveer alimentos, el hábitat, las vestimentas ni otros artículos a los demás. Están liberados de este tipo de obligaciones. Por otra parte, este “permiso” social tiene como consecuencia una disponibilidad de tiempo ligado a otras actividades y otros grupos con las mismas características, este tiempo disponible Margulis lo denomina Moratoria social[2]:  

 

“La noción de “moratoria social” alude a un plazo concedido a cierta clase de jóvenes, que les permite gozar de una menor exigencia mientras completan su instrucción y alcanzan su madurez social y económica. Es un período de permisividad, una especie de estado de gracia, una etapa de relativa indulgencia, en que no les son aplicadas con todo rigor las presiones y exigencias que pesan sobre las personas adultas. (…) Es una etapa que media entre la maduración física y la madurez social y no alcanza a la totalidad de la población de cierta edad: remite sobre todo a las clases medias y altas cuyos hijos, en proporción creciente, se fueron incorporando a estudios universitarios, incluyendo, en épocas más próximas, la demanda de estudios de posgrado, cada vez más prolongados”. (MARGULIS, 2009, 106-107).

 

La misma categoría de moratoria social es un elemento constitutivo de la juventud. Es decir, la presencia efectiva de la misma, el despliegue de ciertas actividades en el marco de esta noción, posibilita el reconocimiento del momento en la vida de las personas al cual denominamos juventud. A la vez, entendida como condición, no se encuentra extendida dentro de la totalidad social. Esto nos permitió comprender que la juventud no es una etapa presente en la vida de todas las personas, sino es la realización de un momento de la vida de algunas, en las que se pone en juego las posibilidades económicas del grupo primario, de la familia. Quienes hemos ejercido la docencia en sectores de bajos recursos podemos ver en ocasiones estudiantes con características que no son propias de la mayoría, con 14 o 15 años muchas veces son los encargados de sus hermanos menores y su rol dentro del grupo no es el de joven sin responsabilidades sino justamente el de una persona adulta.

 

No solamente el origen de clase marca un límite en la moratoria social. Existen diferencias determinadas por tradiciones culturales. Sucede en grupos donde su historia o tradición, ligada íntimamente a comunidades de culturas pre-capitalistas, el sustento del grupo primario depende de la organización del trabajo familiar. En estos casos, la unidad de sustento del grupo es la misma familia y por lo tanto las relaciones entre sus miembros son armónicas dentro de esta característica vital. Es por eso que los miembros que alcanzan la edad de 14 o 15 años suman al recurso de trabajo del grupo entero, asunto que resulta conflictivo con la creciente extensión de los derechos a la infancia y la juventud.

 

Otro punto significativo de la propuesta de Margulis viene a cuenta de que esta moratoria social, este “permiso”, no es enteramente “gratuito”. La moratoria social como momento o etapa en la vida está reservada para la preparación de las/los jóvenes hasta alcanzar su madurez social e independencia económica, ser otro que no es hijo dentro de nuevos grupos, compañeros/as de trabajo: colegas, parejas, jefes/as, delegados/as, etc. Este momento preparatorio es tiempo dedicado a completar la formación, o mejor, a especializar su formación básica. Por supuesto el lugar donde ocurre esto es en el sistema educativo[3]. Dejamos abiertas todas las posibles líneas de debate concerniente a la realización de la juventud, al aprovechamiento de esta moratoria social, y lo importante de un sistema educativo que no alcanza quizás con definirlo como solamente público. Habría que sumar ideas como abierto, plural, flexible, democrático, horizontal en contra de la verticalidad del ascenso de títulos; e incluir el tema de la eficacia por trayectorias, egresos, etc. entre otros puntos polémicos. 

 

Este circuito formativo donde reconocemos la juventud, en el cual se juega buena parte de ser jóvenes, y más allá de las discusiones que convoque; forma parte de expectativas esperadas por ese otro grupo de personas formado por los padres o dirigentes. El tiempo reconocido por la moratoria social puede evadir la propuesta brindada por el sistema educativo y ser ocupada por otras instancias como puede ser la marginalidad o el mercado, y en este último en su variante laboral, como trabajadores/as, o como consumidores/as. Estos recorridos también constituyen a la juventud desde otros circuitos, aún cuando estos no generan las mismas expectativas sobre los jóvenes, como en el caso de la marginalidad.

 

Más allá de las ideas convocantes de pensar la marginalidad como circuito donde la juventud también se constituye como tal nos gustaría profundizar sobre otro de los recorridos más aceptado, menos notorio y con poca polémica. Pensamos en la forma primaria en la cual entran en contacto los jóvenes con el mercado. La preocupación sobre el primer empleo en el debate sobre ocupación es una de las maneras dónde surge esta relación entre juventud y mercado. Sin embargo, el vínculo más intenso e incluso más temprano se da desde el otro lado de esta relación, los jóvenes desde el consumo. Las estrategias de las políticas de ventas construyen una imagen social de juventud dominante, extendida socialmente y a la vez motor del deseo social. Justamente los medios de comunicación representan la juventud gozosa, intensa, divertida, experimental, vinculada íntimamente a las actividades de entretenimiento y en muchas ocasiones evitando los momentos de trabajo o producción. En este caso, además de proponer otro circuito que llene el tiempo de la moratoria social, pone en juego otra concepción esta vez sí perteneciente a una etapa del desarrollo de todas las personas. Margulis introduce entonces la noción de Moratoria vital, complementándose con la anterior, extendida en toda la sociedad debida cuenta a que es una definición del desarrollo biológico: “Introducimos aquí el concepto de moratoria vital, que nos indica que la juventud es una condición definida por la cultura pero que tiene una base material vinculada con la edad. Esto señala aspectos relacionados con el cuerpo, como salud, energía, capacidad reproductiva, y también remite a características culturales relacionadas con la edad (MARGULIS: 2009, 108).

 

El punto de encuentro entre consumo (incluyendo en esto el rol de los medios de comunicación) y moratoria vital (esta sí ligada a cierta etapa de la vida del conjunto social) presenta la idea de juventud dominante en nuestro tiempo. La juventud representa el perfil ideal o idealizado del cuerpo contemporáneo, es decir se persigue la imagen juvenil como el ideal de la especie, incluso superada la misma etapa vital. La moratoria vital asociada al desarrollo biológico liga lo juvenil a determinadas actividades, como los deportes extremos o prácticas que dependen de la flexibilidad corporal, que tienen una gran presencia y aceptación social. Muchos de estos/as jóvenes son celebridades entre sus pares e incluso superan las líneas del contacto directo ganando reconocimiento en los medios de comunicación. Por lo tanto, son un modelo del éxito muy temprano.

 

Esta mirada sobre el cuerpo juvenil está acompañada fuertemente con un momento mercantil, para denominarlo de alguna manera. La juventud es un segmento de consumidor privilegiado de productos (considerando las variedades dentro de un mismo rubro) e innovaciones, y en general vinculados al nuevo desarrollo tecnológico. Como vemos en muchos espacios de recurrencia social, fundamentalmente difundido por los medios de comunicación como el cine, la juventud resalta sobre otras etapas de la vida como momento ejemplar del recorrido vital de las personas. Claro está en el medio de una profundización o expansión del consumo social.

 

Otro de los aspectos singulares del tema de juventudes proviene justamente de estos planteos sobre idealización social sobre la juventud. En trabajos de colegas de otras provincias vimos alterar la categoría de juventud, centrado a veces en el grupo social de “jóvenes”, o los “jóvenes” definido por los rasgos generacionales o biológicos; por lo “juvenil”, asociado a las prácticas que centralmente realizan los jóvenes, pero comparten con generaciones de adultos. Lo “juvenil” implica el borramiento de la línea simbólica que separaba claramente a las generaciones en etapas anteriores, como pasar de vestir pantalones cortos a los largos o compartir una mesa de café en un lugar público. Considerar “lo juvenil” en el problema de las juventudes expone cómo las valoraciones sociales contemporáneas sobre este grupo social inciden en la dinámica general de la sociedad. El cambio fundamental se da porque lo “juvenil” habilita a los adultos a compartir bienes y actividades con los “jóvenes” desde la vestimenta hasta asistir a recitales de rock, etc. En momentos anteriores, quizás podríamos decir en una etapa moderna, el movimiento era inverso, es decir las generaciones más nuevas pujaban por pertenecer al espacio legitimado de los adultos.  En nuestro grupo de trabajo resultaron muy interesantes estas observaciones sobre las prácticas sociales y por eso adoptamos esta idea de “lo juvenil” para enmarcar el desarrollo de nuestro trabajo.


 

Este recurrente proceso de reflexionar sobre las juventudes o “lo juvenil” también mostró una característica menos notoria del fenómeno. pero no menos importante. Para desplazar cierta visión estática sobre juventud, visión impregnada por el supuesto que esta etapa está presente en todas las personas determinada por la edad, parece interesante tomar la juventud como un proceso. Si la moratoria social describe un tiempo disponible, este no puede ser tiempo vacío, más bien está compuesto por un conjunto de actividades en donde la misma realización de éstas tiene un carácter formativo en los sujetos. Jugando con las palabras podemos decir que joven no se es, más bien joven se está siendo. La alteración del modo verbal indica justamente ese carácter dinámico de la juventud donde constantemente incluyen y/o desechan prácticas, formas (tanto estéticas como de modos de ser), etc. Considerar este proceso, la dinámica que pone en juego ser joven, muestra a la vez la producción de lo que llamamos lo “juvenil”, es decir un repertorio de imágenes, objetos, actitudes, acciones, actividades, etc. que implica “estar siendo jóvenes”. Así podemos considerar a lo “juvenil” como un subproducto de la economía contemporánea.

 

Esta perspectiva de proceso de los jóvenes expone justamente un momento sensible de la posibilidad de ser joven de una manera determinada, debida cuenta que para cumplir con las posibilidades del proceso de ser joven está presente la mediación del acceso a los bienes, prácticas, servicios, actividades, instrumentos, etc., acceso obviamente repartido de forma inequitativamente en la totalidad de la sociedad. De aquí se sigue una de las líneas más conocidas del campo donde se indica que no hay juventud sino juventudes, y remarcamos la tensión derivada de esta observación: la juventud (incluimos acá “lo juvenil”) es una producción diferenciada reconocible en los grupos sociales, y un poco menos que una opción posible dentro cohortes generacionales. 

 

b)      Información, relación y entretenimiento, prácticas que identifican el consumo de los medios.

 

El grupo de interrogantes que en este apartado tratamos, indaga qué medios usan los o las jóvenes para informarse, cuáles para entretenerse y cuáles para relacionarse. Por otra parte, también interrogamos a los/las encuestadas en qué medios les gustaría incrementar su uso, intentando acercarnos a la diferencia entre lo que realizan y que les gustaría hacer, siempre contemplando las tres prácticas propuestas en la investigación. En este momento de la investigación intentamos aproximarnos a la diferencia que existe entre posibilidades de consumo como parte de la realización juvenil y las condiciones en las que se da. Esta discrepancia, o no, pone de manifiesto una de las características más importantes del consumo: la apropiación del capital simbólico en el marco de la propiedad de medios. Aunque esto parezca una obviedad podemos decir que el acceso al consumo cultural tiene otras modalidades que no son exclusivamente la propiedad individual, como en el caso del cine o del teatro, donde entra en juego la apropiación colectiva, aún cuando la posibilidad está vinculada a la disponibilidad de recursos. Otra modalidad de acceso se da a través del Estado, sea en las mismas órbitas del gobierno, de instituciones sociales o educativas, ONGs o incluso desde partidos políticos donde intervienen la idea del acceso por fuera de la propiedad.

 

Este momento de la investigación, central para nuestros planteos iniciales, mostró la relevancia de tres medios en cuanto a las prácticas ya señalas. El conjunto de datos relevados muestra las opciones aglutinadas a prima facie en tres medios: televisión, internet y celular, para los casos de informarse y entretenerse; y en el caso de relacionarse las/os encuestadas/os reemplazan a la televisión por el contacto personal a través de charlas. Sin embargo, y como anteriormente planteamos, al considerar el consumo juvenil como un proceso, el protagonismo inicial de estos medios debe enmarcarse en un conjunto más amplio donde incluyen más recursos. Este repertorio u “orquesta” de medios surge a partir de considerar que las opciones no necesariamente excluyen un medio por otro. Las/los jóvenes no eliminan medios dentro de sus posibilidades más bien posponen su elección.

 

Teniendo en cuenta la salvedad de la experimentación juvenil dentro de una “orquesta” de medios, la televisión surge como un medio persistente. De los tres medios, la pantalla del hogar, es el único medio surgido en el siglo XX[4] que mantiene su legitimidad masiva. Es la primera opción en cuanto al entretenimiento, práctica consolidada desde el siglo pasado, y suma la de medio de información relegando a los diarios y la radio. Como nota aclaratoria deberíamos considerar la dinámica mediática[5], en el presente los diarios siguen marcando la agenda de los demás medios, luego la radio y finalmente la televisión. Por esto, si bien la televisión es un medio privilegiado de información, el origen de la misma lo mantiene la prensa escrita. Esta persistencia dentro de las opciones proviene de la capacidad que ha tenido la televisión de transformarse a través del tiempo. Si bien corrientemente nombramos televisión a un medio y una práctica asociada de alrededor de 70 años, lo cierto es que en la actualidad “ver televisión” tiene muchas variantes. La televisión contemporánea es un fenómeno mucho más complejo que en el siglo pasado, prácticamente ha modificado toda su estructura inicial: desde la programación (limitada en horas y segmentada según el grupo familiar) hasta el acceso de contenidos que en la actualidad pueden ser múltiples; de ser el mueble del living a ser una pantalla individual, entre otras muchas características. No podemos dejar pasar que esta “flexibilidad” de la televisión obviamente está condicionada, por lo que marcábamos en las líneas iniciales de este bloque, las posibilidades de acceso por medio de la propiedad o las posibilidades económicas.

 

Retomando los resultados; la primera opción utilizada por las/los jóvenes con el objetivo de informarse es la televisión, alcanza el 67% de las encuestadas/os:

 

67%

mujeres

43%

varones

47%

Ns/Nc

1

 

Jóvenes-jóvenes

43%

Jóvenes medios

44%

Jóvenes-adultos

51%

 

 

 

 

 

 

 

Como vemos el porcentaje total relativamente semejante pertenece a la descripción de género. Sin embargo, generacionalmente quienes prefieren ver televisión para informarse en su mayor proporción son el tercer grupo de jóvenes-adultos o adultos-jóvenes. En principio podemos decir que esto rompe con una idea popularizada sobre los jóvenes de menor edad a quienes se les adjudica ciertas prácticas donde la recompensa (por decirlo de alguna manera) sea por medio del menor esfuerzo posible. Por otro lado, estos datos nos muestran que la legitimidad informativa de la televisión se encuentra en un sector el cual tiene mayor carga de responsabilidades y ese menor esfuerzo está ligado a las posibilidades determinadas por el “tiempo libre”. 

 

Siguiendo entonces las líneas sobre el tema de información abierta por el dominio de la televisión introducimos algunos interrogantes para seguir el análisis: ¿qué lugar ocupan los otros medios considerando la información?, ¿cuál es el conjunto de medios que utilizan los jóvenes para informarse?, ¿cómo está compuesta la “orquesta” de medios?

 

Es claro que internet está dentro de las opciones, pero resulta curioso que solo alrededor del 30% de los jóvenes recurren a internet para buscar información en primeras instancias. De las opciones requeridas en las repuestas la mejor performance de este medio estuvo en la segunda opción de tres (31%). Sin embargo, cuando sumamos la totalidad de las opciones (es decir considerando las tres opciones), Internet tiene el mismo lugar que la televisión, el 77% de las/los jóvenes usan internet para informarse. El celular se encuentra en el tercer lugar entre los medios que utilizan los jóvenes para adquirir información (sumando todas las opciones llegan al 42%).

 

Los medios de información más tradicionales como la radio y los diarios, sumando la totalidad de las opciones, tienen el 32% y 18% respectivamente. Esto nos indica que un tercio de los jóvenes utilizan la radio como fuente de información, y casi un 20% leen diarios, si bien no sería la primera opción. Relevar justamente un conjunto de opciones en las prácticas permite ver la composición amplia de medios utilizados por los jóvenes para informarse. A la vez nos acerca a poder comprender cómo van conjugándose opciones tradicionales con las nuevas, punto importante a tener en cuenta al realizar consideraciones sobre las innovaciones tecnológicas. 

Medios

1 mención

2 mención

3 mención

Televisión

118  67%

53

35

Internet

77

84  31%

45

Celular

27

35

52  19%

Radio

19

38  14%

29

Diarios

7

9

33  12%

 

 

 

 

 

 

 

 

Tomando en cuenta los cortes generacionales (en cuanto a género no existen diferencias significativas) las curiosidades en los medios tradicionales están marcadas por dos grupos. El grupo que más escucha radio para informarse son los jóvenes-adultos o adultos-jóvenes, y por otra parte el grupo que lee más los diarios para informarse es el de los jóvenes-medios.

 

Jóvenes-jóvenes

12%

Jóvenes medios

 15%

Jóvenes-adultos

24%

 

Jóvenes-jóvenes

10%

Jóvenes medios

22%

Jóvenes-adultos

11%

 

          

 

 

 

 

De la “orquesta” de medios utilizados por las/los jóvenes el teléfono celular posee la mayor carga simbólica de nuestro tiempo. Esto es ampliamente comprobable cuando indagamos los medios utilizados para relacionarse entre sí, este instrumento considerando la suma de las tres opciones tiene el 89% de usuarias/os para vincularse con los demás. El primer punto importante para señalar es que prácticamente el uso del celular como medio para relacionarse agota la totalidad de su porcentaje en las dos primeras opciones; por otra parte, es la práctica que utiliza el menor número de medios:

 

Medios

1 mención

2 mención

3 mención

Celular

121  45%

101  38%

17

Internet

75

68

62

Una charla personal

52

51

85  32%

 

 

 

 

 

 

El segundo punto significativo en cuanto a la utilización del celular para relacionarse está marcado tanto por los grupos generacionales de jóvenes como también por el género. Un poco más de la mitad mujeres (52%) tienen como primera opción para relacionarse a este soporte mientras que esta misma proporción es para los varones en la segunda opción:



45%

mujeres

Varones

94   52%

27   32%

 

38%

mujeres

varones

vacías

56   31%

44   52%

1

          

 



Teniendo en cuenta el corte generacional la adhesión al celular como medio para relacionarse los resultados son escalonados, siendo los jóvenes del primer grupo quienes utilizan el celular para relacionarse en primera instancia y disminuye en cuanto aumenta la edad.

 

45%

Jóvenes-jóvenes

49%

Jóvenes medios

41%

Jóvenes-adultos

33%

vacios

1

 

38%

Jóvenes-jóvenes

 35%

Jóvenes medios

44%

Jóvenes-adultos

42%

vacios

2

 

 

 

 




 La práctica que más medios moviliza sin dudas es el entretenimiento, aunque esto no quita que existan algunos destacados. La televisión es el medio priorizado por las/os jóvenes para el entretenimiento, un 58% de las/os encuestadas/os utilizan este medio para entretenerse contando la totalidad de opciones. El uso de la televisión como entretenimiento es escalonado: el grupo de jóvenes-adultos llega al 40%, en el grupo de los jóvenes-medios baja al 37% y en el primer grupo de los más jóvenes llega al 29%. Para este último grupo no hay un medio que utilice para entretenimiento que supere el número de la televisión, lo que nos indica que su práctica de entretenimiento es más experimental e intentan aproximarse a diversos medios para entretenerse. En esta práctica se muestra claramente el dominio de los tres medios Televisión, celular e internet señalada líneas atrás. A la televisión como medio de entretenimiento le siguen celular 51% e internet 50%, sumando la totalidad de las opciones.

 

Entre los medios tradicionales señalados aparece la radio 23 % y el cine 17%; en estos casos los jóvenes medios los mencionaron con más frecuencia. Un 15% de las/los encuestados señalaron los libros como medio para entretenerse y el grupo de jóvenes-adultos se diferencia de los demás en este punto, las revistas fueron mencionadas por un 13% sin diferencias significativas de grupo.

 

Retomando la introducción al presente bloque de datos la tensión en el relevamiento de consumos culturales puede verse en los resultados cuando interrogamos qué medios les interesaría incrementar su uso. La dispersión es bastante clara, es decir que la “orquesta” de medios en el caso de mejorar las posibilidades de consumo sería más amplia de la que actualmente utilizan . El repertorio supera los 10 medios, tomando en cuenta fracciones mayores de 7% u 8%, e incluyen a los museos, teatro, la lectura de diarios dentro de las posibilidades. Por otra parte el número más significativo en este punto fueron la ausencia de respuestas, un 30% no nombró ningún medio. En el grupo este tema es todavía bastante discutido por las múltiples implicancias que tiene, pero no podemos dejar pasar la fuerte posibilidad de que este número indique cierto grado de desinterés o anomia por los recursos e incluso por el acceso al capital simbólico mismo. Si consideramos que el trabajo fue un relevamiento realizado en una institución educativa el desinterés por mejorar o ampliar los recursos para acceder al capital simbólico muestra cierto rasgo singular de época, en el cual podemos ver mejor en el grupo denominado NI-NI.

 

Retomando los números del relevamiento al 39% les interesaría aumentar el consumo de Internet, considerando la suma de las tres opciones. Ahora bien, en este punto surge una característica bastante repetida en el recorrido de datos debida cuenta a que los grupos que más les interesaría incrementar el uso de Internet son los extremos entre los más jóvenes y los de mayor edad.

 


Jóvenes-jóvenes

23%

Jóvenes medios

4%

Jóvenes-adultos

20%

Vacios

1

 

 

 

 

 


Otro de los medios el cual interesa a las/los jóvenes incrementar su uso-consumo-acceso es el cine. En la totalidad de las opciones el 28% de los encuestados respondieron que les interesaría asistir al cine más frecuentemente. El grupo destacado en este punto es nuevamente el grupo de los jóvenes medios, es decir el mismo público que mayoritariamente asiste al cine es el mismo al que le interesaría incrementar esta asistencia.

 

Un punto significativo es la valoración de los jóvenes a la interacción personal. En el tercer lugar de las consideraciones a un 26% de las/los encuestados les interesaría aumentar la charla personal, siempre considerando la totalidad de las opciones. Este es un punto polémico en la discusión sobre las nuevas tecnologías (las empresas vinculadas a estas incluyendo a los medios de comunicación y la publicidad) las cuales proponen llenar por completo el tiempo laboral, el doméstico y personal, e incluso brindarse como opción para ocupar el tiempo libre. En el grupo de trabajo este requerimiento de las/los jóvenes lo vimos como límite al despliegue de las nuevas tecnologías en el espacio social y personal.

 

Por otra parte, también es significativo como este 26% se reparte considerando los grupos generacionales, donde nuevamente la adhesión es escalonada. La necesidad de incrementar una charla personal escala mientras aumenta la edad:

 

Jóvenes-jóvenes

  9%

Jóvenes medios

18%

Jóvenes-adultos

22%

 

 

 

 

 

Sobre el resto de los medios sumando la totalidad de opciones,  un 24% elegiría al celular para aumentar su uso (destacándose los jóvenes-medios), el 22% elegiría la biblioteca (nuevamente se destacan los jóvenes medios y los menos interesados son los adultos-jóvenes), el 20% diarios, el 18% radio (destacándose los dos extremos generacionales), 17% televisión y teatro, 16 % libros (en este caso se destacan las mujeres sobre los varones dentro de los grupos más jóvenes y los medios), 14% museos  por arriba del incremento del uso de la computadora 10% (acá hay que aclarar que sería el uso de la máquina excluyendo a Internet), 9% revistas.

 

Independientemente del medio elegido el 45 % de las encuestadas/os fundamenta su decisión en la necesidad de informarse. Nuevamente los grupos destacados dentro de este punto del relevamiento son los dos extremos generacionales. El 49% de los más jóvenes indicaron aumentar el uso en algunos de los medios impulsados por la necesidad de informarse, mientras en el grupo de los jóvenes-adultos fue el 40% y el 22% de los jóvenes medios. Si tomamos en cuenta el número general de 45% y que el relevamiento se encuentra en una institución educativa podría considerarse un porcentaje desalentador. Sin embargo, las instituciones educativas en el despliegue de lo juvenil sirven además de la formación para la experimentación del tiempo disponible dado por la moratoria social, tiempo destinado además de formarse, también de relacionarse con nuevas personas e incluso de entretenerse.

 

Sobre los porcentajes de las demás prácticas el 18% respondió que aumentaría el uso de algunos de los medios con el objetivo de relacionarse y el 13 % para entretenerse. También un núcleo menor de las encuestadas/os tres combinaciones más donde interviene la información o vinculada al entretenimiento (6 %) o a la relación (6%) o incluso las tres (3%).

 

c)      Las nuevas y viejas tecnologías de la comunicación. Dilemas del conocimiento y la información.

 

Debido a que nuestros encuestados/as se encuentran con la conclusión del periodo de escolarización obligatoria (nivel primario y secundario), en este momento del trabajo intentamos una evaluación de ese proceso de escolarización. Este tipo de rastreos son habituales en el campo de estudios sociales, por lo tanto, existen estadísticas comparativas en diferentes países de Latinoamérica, específicamente sobre el tema. En nuestro caso la evaluación del periodo de escolarización obligatorio intenta complementar nuestro rastreo inicial, por ello, los datos explicitados en el presente escrito están condicionados a las preguntas iniciales sobre Información, relación y entretenimiento.

 

Los aportes más significativos en este apartado provienen del interrogante sobre qué medios debería usar el sistema educativo para concretar mejor su objetivo. Debido a que nuestro rastreo involucró tres prácticas que sintetizan gran parte de la experiencia contemporánea, y ésta, ligada a las tecnologías de comunicación e información, la evaluación del propio proceso educativo por parte de las personas encuestadas, resultó reveladora. Si bien en su mayoría (62%) no respondieron qué medios debería usar la escuela para cumplir con su objetivo, aquellos/as que respondieron en su primera opción nombraron a las Bibliotecas y en segundo lugar Internet. Siguiendo la lectura de la tabla podemos ver que además de estos medios se suman otros medios que en el resto del trabajo se encontraban ausentes, como museos o teatro.

 

 

Opción 1

Opción 2

Opción 3

Opción 4

Opción 5

Biblioteca

59

37

14

13

3

Internet

47

37

25

15

11

Libros o novelas

20

16

30

22

8

Una charla personal

18

11

16

22

21

Computadora

13

25

24

22

15

Radio

9

10

13

14

10

Museo

8

11

9

10

10

Otros

5

12

11

7

14

Cine

4

4

5

6

9

Televisión

4

8

7

6

13

Diarios

3

9

9

13

9

Revistas

1

6

7

4

7

Teatro

1

3

8

6

8

Celular

0

0

3

6

4

Ns/Nc

15

18

26

41

65

 

























Considerando la suma de todas las menciones los resultados de la tabla se modifican levemente, Internet es mencionado por el 50% de los/las encuestados/as y Biblioteca es mencionado por el 47%. Más allá de esta ligera modificación en el orden, sorprende que entre los/las encuestados/as la relevancia de medios asociados a la representación simbólica de generaciones anteriores, o de tecnologías con mayor tradición.

 

Reconocemos en este apartado dos fenómenos singulares. En primer lugar, la mencionada importancia de las tecnologías tradicionales, en dónde podemos decir que está presente en el imaginario de las/los jóvenes un conjunto de recursos asociado sobre la vida en conocimiento. Este imaginario comparte tecnologías tradicionales y nuevas, sin descartar posibilidades respecto a su formación. En segundo lugar, la dispersión de medios, contrastante con las pocas alternativas cuando interrogamos sobre el uso. En el menú de opciones que indicaron las/los encuestados/as el conjunto de medios posee una mayor gama de opciones. Este fenómeno también llama nuestra atención debido a que las aspiraciones de los/las ingresantes las expectativas de experimentar incluyen mayores posibilidades que las posibilidades de concretar. Este punto refuerza lo que habíamos señalado líneas atrás con respecto a que las posibilidades de realización de “lo juvenil”, el componente económico-social es de fundamental importancia en el momento de la realización de actividades y las posibilidades que tengan de acceder a ellas.

 

Ahora bien, sobre qué debería aportar la escuela para cumplir sus objetivos el 81% respondió que debía concentrarse en la información. En este caso el porcentaje tiene más concurrencia entre los jóvenes-jóvenes (85%) y disminuye escalonadamente: jóvenes-medios (78%), jóvenes-adultos (71%). Estos dos últimos grupos se desplazan a compartir levemente la categoría de relación como importante para cumplir los objetivos de la escuela.

 

Siguiendo con el relevamiento sobre qué debería aportar la escuela un 6% respondió que relación (al que se deben sumar 2% que respondieron el par de información y relación y otro 2% que respondieron información, relación y entretenimiento). Finalmente, un 4% respondió que debería aportar entretenimiento. Cuando este último número lo comparamos con la pregunta que aportó la escuela, quienes respondieron entretenimiento fue el 1%. Esta diferencia nos sugiere que quizás los/las encuestadas/os al preguntar que debería aportar la escuela respondieron entretenimiento, entendiendo que debería ser entretenida.

 

Sobre lo que específicamente aportó la escuela, los valores presentan mucho menos consenso. El 60% respondió que la escuela lo ayudó con informarse, y el resto del porcentaje se reparte entre las opciones de relacionarse (11%), información y relación (10%) y el conjunto de información, relación y entretenimiento (10%). El contraste está marcado con respecto a los grupos, en este caso el grupo de mayor acuerdo es de mayor edad, quienes en un 64% respondieron que la escuela los ayudó con informarse. Retomaremos este punto en el próximo párrafo para arriesgar algunas líneas más sobre la lectura.

 

En cuanto a la utilidad de la escuela para su vida el 95% respondió afirmativamente. Prácticamente la mayoría de los encuestados/as están de acuerdo con la escolarización recibida. El grupo destacado sobre este tema es el perteneciente al de los jóvenes-adultos, el 98% (casi en su totalidad) estuvieron de acuerdo con la utilidad de la escuela. Considerando además que el mismo grupo en el punto anterior (que esta colaboración fue sobre informarse) fue el destacado, se arriesgó en el equipo de investigación que la diferencia estaba señalando algunas notas sobre la calidad educativa. En discusiones moderamos este primer planteo y llegamos al acuerdo que lo que se podría decir con más o menos certeza es que, al menos, en la memoria de la calidad educativa es mayor mientras más tiempo ha pasado. Un equivalente a que todo tiempo pasado fue mejor que el presente. 

 

  1. Conclusiones.

 

El análisis de los datos nos aproxima a algunos aspectos de la identidad en curso de los jóvenes. Podríamos decir una identidad “en fuga”, porque a la vez que nos aproximamos pierde actualidad. Nuevos grupos y nuevos elementos comienzan a formar instancias nuevas, movido por la misma dinámica del desarrollo tecnológico, por un lado, y por otra parte no menos importante del consumo. En la actualidad un joven transitando sus 20 años no reconocería las conductas de los adolescentes actuales, cuando entre ellos el salto “generacional” es mucho menor de lo que significaba apenas una treintena de años atrás. El presente incluye una serie de elementos tecnológicos -y culturales- ausentes en la década precedente, conductas ahora cotidianas hace 10 años atrás podrían interpretarse como “fuera de lugar”.

 

Sin embargo, lo más destacable del rastreo no lo reconocemos en los aspectos “nuevos”. Lo importante del trabajo lo encontramos en justamente que esta identidad en curso, en proceso, que también mantiene en su subjetividad algunos rasgos más reconocibles. El amplio acceso a las imágenes por internet a través de dispositivos móviles, de uso individual, no significa que el teatro o el cine queden fuera de las opciones deseadas por los y las jóvenes. También las menciones sobre la importancia de las bibliotecas para la educación señalan que en la subjetividad presente resiste una identidad con más trayectoria. Justamente esta resistencia, llama nuestra atención sobre lo que denominamos consumo cultural[6].

 

¿Qué nos preocupó y ocupó en los rastreos de consumo cultural en los y las jóvenes de nuestro tiempo? Una versión complaciente, naturalizada hoy. Creemos que lo significativo es saber y, por ello indagar cómo nuestros jóvenes están conformando su universo simbólico y cómo esto se vincula en su subjetividad ¿Leen? Porque suponemos que el ejercicio de leer está aportando algo valioso. ¿Qué leen? ¿Cómo avanzar hacia sus sentidos de la lectura en sus propias vidas? ¿Por qué no arriesgarse a pensar, también, qué leen, considerar que les interesa ir a una biblioteca o salir a buscar una experiencia pretérita como ir al teatro? Indicadores que creemos indican la suspensión de una rutina que consume el tiempo de alguna manera no buscada. Estas prácticas, entre otras, ¿no representarían alguna resistencia al determinismo de una sociedad en exceso explícita, con más respuestas que preguntas?

 

 

  1. Bibliografía referida

Argentina, Ministerio de Educación de la Nación; Educ.ar S.E. (2012). Consumos culturales digitales: jóvenes de 13 a 18 años. Buenos Aires. Coordinadora: Dra. Pini, Mónica, Dra. Musanti, Sandra; Dr. Kaufman, Guillermo; Esp. Amaré, Mónica. Buenos Aires, 1a ed.

Argentina, Ministerio de Educación de la Nación, Escuela y medios (2010). Los adolescentes y las redes sociales. CABA,  Morduchowicz, Roxana; Marcon, Atilio; Sylvestre, Vanina; Ballestrini, Florencia. http://www.me.gov.ar/escuelaymedios/material/redes.pdf

Argentina, Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, (2007). Tecnologías de la información y la comunicación en la escuela: trazos, claves y oportunidades para su integración pedagógica / Batista, Ma. Alejandra; Celso, Viviana Elizabeth; Usubiaga, Georgina Gabriela; coordinado por Minzi, Viviana.  Buenos Aires 1a ed.

BOUGNOUX, D. (2005) Introducción a las Ciencias de la Comunicación. Buenos Aires, Nueva Visión.

BUSTAMANTE, Enrique; Ce las industrias culturales al entretenimiento. En revista Diálogos de la comunicación. Revista de FELAFACS. Nº 78 enero-julio 2009.

MARGULIS, M. (1996) La juventud es más que una palabra. Buenos Aires, Editorial Biblos.

------------------(2009) Sociología de la cultura. Editorial Biblos, Buenos Aires.

SCHMUCLER, H, (1998) “¿Qué decimos cuando hablamos de comunicación?” (desgrabado). Ciclo de conferencias: Taller de comunicación alternativa, Universidad Nacional de Córdoba. 

STIEGLER, B. “Qué clase de cosa es la información” En: BOUGNOUX, D. (comp.) (1994) Crisis de la información. Problemas políticos y sociales, La documentación francesa, París, Trad. Omar Gais.

WOLF, M. (1985) La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas. Buenos Aires. Editorial Paidós Buenos Aires.



[1] Título del proyecto: Comunicación y prácticas juveniles. El consumo mediático de adolescentes mendocinos en la era de las redes sociales. El presente escrito sintetiza el trabajo de investigación sobre consumos culturales en los jóvenes ingresantes de la cohorte 2014 al Instituto 9-015 Valle de Uco. El trabajo se realizó durante los años comprendidos entre 2013-2016, en dos proyectos bianuales. Durante todo este proceso el equipo estuvo constituido por Lic. Andrés Collado (director), Lic Mariana Ortiz (co-directora), Prof. Yamil Salomón (docente-investigador con formación) con la colaboración de los y las estudiantes: Alejandrina Zotelo, Fernanda Sánchez, Liliana Villegas, Luciano Rubio y la participación de la carrera de comunicación en las instancias de relevamiento de encuestas. Según los datos recogidos tomando en cuenta todo el relevamiento (sede central ubicada en la Consulta, sumadas 7 unidades académicas), la base de datos matriz elaborada alcanzó 268 encuestas válidas. Las tareas de trasferencias de resultados se difundieron, además, en formatos no tradicionales como la creación y circulación de infografías y podscast on line y de circulación radial local en https://soundcloud.com/podcast-consumos-cultural

[2] Haremos una diferencia entre este tiempo disponible y tiempo libre ya que este segundo no puede desligarse de su opuesto el tiempo no libre, es decir el “tiempo que llena el trabajo” “Condicionado exteriormente” (Adorno, Consignas, 1969, 1993: 54-63).

[3] habría que considerar dos movimientos en este tema que caracterizan los últimos 20 años, el aumento de años en la obligatoriedad (estos es uno de los temas presente desde al menos los años ´90) y de la especialización en estudios cuaternarios, incluidas diplomaturas, especializaciones, y demás post-títulos.

[4] Se considera como fecha de creación de la televisión 1939, pero podemos decir que la masificación del medio es constatable pasado la mitad del siglo XX. En Argentina esta masificación de la televisión puede considerarse a partir de la década de los años ´60.

[5] Dinámica promovida por la misma construcción de los monopolios mediáticos. En el caso de Argentina las empresas de medios tienen en su poder medios gráficos, audiovisuales, radiales y digitales.

[6] El trabajo del ministerio de Educación de la Nación “Consumos Culturales digitales: jóvenes de 13 a 18 años”, 2012 recuperan una serie de definiciones sobre consumos culturales y las tensiones que manifiestan este tema. En este escrito los autores sostienen que: “Es importante abordar la literatura y las investigaciones que exploran y reflexionan sobre consumos digitales de los jóvenes (…) con el propósito de contribuir a construir una comprensión más acabada y profunda de las características, formas de comunicación y socialización, necesidades de aprendizaje y formas de producción que definen a estos jóvenes” pp.9. Más allá de que la definición sólo intenta abarcar el consumo digital podemos hacer extensible las mismas ideas a la de consumo cultural en general.

Comentarios

Lo más leído