Los Consumos Culturales en jóvenes
Los consumos culturales de jóvenes en la época contemporánea: información, relación y entretenimiento en el uso de la tecnología [1].
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| Robert Cornelius, primera Selfie 1839 |
Problema y objetivos de investigación
La
intención del proyecto consistió en el análisis del modo en que los jóvenes
contemporáneos hacen uso de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías
de información y comunicación. Para esto, propusimos sintetizar el consumo
comunicacional y cultural de este grupo en tres categorías de largo aliento en
las teorías de la comunicación: la relación, la información y el
entretenimiento. Los aportes arrojados por nuestras indagaciones, nos aproxima a
la comprensión de los usos de las tecnologías más allá de las propuestas por el
mercado, reconocer cuáles son sus consecuencias en la relación entre sujetos,
indagar cómo nuestros jóvenes interpretan los datos del mundo que los rodea y
cuáles son sus valoraciones con respecto a las categorías propuestas por el
mismo trabajo. A continuación, sintetizamos uno de los bloques sobre la información (de seis bloques del total)
donde puede observarse uno de los nudos conceptuales del trabajo realizado. Los
objetivos de este apartado lo explicamos más adelante por razones de comodidad
en la lectura.
- Marco
teórico.
Uno
de los aspectos relevantes de esta investigación consistió en una relectura
rigurosa de las vastas producciones intelectuales en torno a las categorías de información, relación y entretenimiento para poder lograr una
síntesis significativa de ellas. La propuesta teórica que orienta la pesquisa,
se centra en que estas tres categorías constituyen momentos claves, prácticas
culturales específicas, para interpretar el modo en que han ido cambiando las
formas de relación entre las personas.
Respecto
de la información, recuperamos los
aportes de Bernard Stiegler, para quien ésta es en la actualidad una mercancía
más. Y ello, en la medida en que, con el desarrollo del capital, al
reconfigurar las relaciones en meros contactos ha provocado, además, que
aquellos saberes se mercantilicen en mero dato (información) que ha adquirido
en el proceso histórico las características de una mercancía más (STIEGLER:
1994). De esta perspectiva de análisis, es posible comprender que un sistema
social basado en estos contactos
efímeros y no ya en relaciones sociales complejas no soporta la
densidad (producción, circulación y acceso) del conocimiento, sino que se
construye a partir de una estricta selección y difusión de acontecimientos
mercantilizados: las noticias.
De
ello resulta, escribirá Stiegler, “…una verdadera industrialización del
presente: efectivamente un acontecimiento no tiene lugar, no accede al rango de
acontecimiento, si no es ‘cubierto’; incluso si no puede ser reducido a ese
puro artificio, el tiempo es siempre al menos coproducido por los medios”
(STIEGLER: 1994, 2). De modo tal que, industrializado el ahora-ya mismo, no hay
conmemoración posible de un tiempo otro, de ese tiempo del recuerdo, que es la
propia historia. De esta manera, lo que hoy entendemos por ‘información’ es
sólo un aspecto, y no el más decisivo, del saber humano. La información es algo
externo y técnicamente articulado, que se halla a nuestra disposición a través
de los medios de comunicación. Esta salvedad nos permitió comprender la
diferencia entre información y conocimiento. “El conocimiento, en
cambio, implica un proceso más amplio: se trata de una actividad vital que
supone un crecimiento interno y una potenciación de nuestra capacidad
operativa. La información sólo tiene valor para el que sabe qué hacer con ella:
dónde buscarla, cómo seleccionarla, qué valor tiene lo que se ha obtenido y
–por último- cómo utilizarla. Por el contrario, el conocimiento es un fin en sí
mismo que no necesariamente apunta a lograr algo útil […] El conocimiento es
originario, crítico, personalizado, dialógico, emergente” (MARTIN: 2003,
38-39).
En
los estudios de comunicación el término relación
tiene un lugar singular, su uso es tan habitual como diverso. En primer lugar,
recuperamos su significado a partir del origen etimológico de la palabra
comunicación. Del latín, proviene del término comunicare que significa compartir, poner en común. Evidentemente
para que algo pueda ser compartido es necesario el vínculo entre las personas.
Este origen etimológico latino de la palabra comunicación resulta interesante
como concepto cultural: la común unión que supone estar relacionado (compartir,
comunicarnos) no es pasar nada de uno a otro. Estrictamente aquí, hay una
sustantiva diferencia con la información, entendida como dato susceptible de
ser transmitido. Escribió Schmucler al respecto: “La idea de poner en común, no
es que todo sepamos lo mismo, sino que todos vivamos lo mismo; no que todos
somos poseedores, sino que nadie es poseedor en la medida en que algo es de
todos” (Schmucler, 1998, 8).
Es
decir que el término relación explica
el significado de la palabra comunicación
y le otorga un carácter ontológico, en la medida en que define una manera de
ser en el mundo: somos con los otros. De esta manera, evidencia un fenómeno
vivido por los seres humanos, exclusivamente por ellos, aludiendo a la manera
de ser en el mundo con los demás. “No es concebido el ser humano si no es en
relación a otro. Pero en esta relación no se pierde el ser humano, sino que se
genera el ser humano” (Schmucler, 1998, 8). Complementariamente a esta mirada, como
categoría teórica recuperamos la propuesta de la Escuela de Palo Alto, cuyo uno
de sus principales referentes es Daniel Bougnoux. El desarrollo de esta Escuela
es sumamente complejo porque su constitución señala no un lugar de origen sino
un evento, por lo que sus documentos son difíciles de rastrear dentro de las
bibliografías. Sin embargo, tomamos los aportes iniciales del trabajo del intelectual
francés en su “Introducción a las ciencias de la comunicación” (2005).
En
cuanto a la práctica del entretenimiento,
identificamos en nuestra investigación que está presente en toda una serie de
actividades y producciones altamente reconocidas y valoradas de nuestra vida
diaria. Su equivalente en inglés entertainment
participa de la marca de empresas y corporaciones dedicadas al negocio de los
entretenimientos presentando una infinidad de productos desde películas,
merchandising, actividades recreativas, en el turismo de todo tipo, etc. Sumado
a esto, también el entretenimiento es leiv
motiv de actividades domésticas con un nuevo significado en la vida
contemporánea: el ejemplo paradigmático global, la empresa Mc Donald, difunde
la idea del comer como una actividad que no debería ser monótona, puede ser
entretenida, la caja feliz es el signo de este cambio en la consideración
simbólica del comer (BUSTAMANTE, 2009).
Tenemos
en cuenta que incluso el sistema educativo y la escolaridad son acusados de ser
espacios “aburridos”, aludiendo a la falta del entretenimiento en la trasmisión
de los contenidos. En nuestra investigación, identificamos la manera en que se
apela hoy a que la educación del siglo XXI sea “entretenida” como discurso
social hegemónico.
Estos
atributos de reconocimiento positivo al término parecen tener una historia
breve. No hace mucho tiempo estar
entretenido indicaba una mala señal dentro de algunas actividades. Incluso sus
antónimos eran diferentes entretenido-aburrido, desplaza en muchas ocasiones a
la dicotomía entretenido-distraído. Recordamos que ya la categoría de
entretenimiento apareció en los estudios funcionalistas en los Estados Unidos
de América del Norte, pero se encuentra dispersa en la opinión de muchos
intelectuales dedicados al estudio e investigación en comunicación a posteriori de aquella corriente
teórica. Como material de base para estos rastreos contamos con el reconocido
aporte de Mauro Wolf “La investigación de la comunicación de masas. Crítica y
perspectivas.” (WOLF: 1985).
- Aspectos
metodológicos
El
recorrido metodológico consistió en el análisis de una encuesta con la que
pudimos relevar aspectos cualitativos y cuantitativos, respecto a las tres categorías
consideradas en la investigación. El instrumento contó con alrededor de 30
interrogantes que contemplaban la utilización de medios con las diferentes
variables, y algunos otros a modo de evaluación de la conectividad y presencia
y disponibilidad de las NTIyC. Otro grupo de interrogantes, nos permitieron explorarar
las definiciones propias de las personas entrevistadas sobre las categorías en
cuestión. Esto representó el momento cualitativo de las encuestas.
Respecto
del carácter cuantitativo del proyecto, estas tareas fueron proyectadas como
resultado del relevamiento de datos mediante la aplicación del instrumento a
una muestra representativa (268 encuestas personales) y aleatoria del universo
compuesto por los ingresantes al IES 9-015 Valle de Uco, durante la cohorte
2014. Como técnicas de análisis se utilizó la asociación de estas variables.
a)
“Lo
juvenil” como colectivo constitutivo de la enseñanza del nivel superior
En
los primeros momentos de la investigación recurríamos a un sentido familiar de
jóvenes y de juventud, ideas corrientes sobre conductas, costumbres, incluso
fisonomía, de un conjunto de personas. Rápidamente caímos en la cuenta de
reconsiderar los planteos iniciales para aproximarnos teórica y
metodológicamente a la complejidad de este grupo, quienes son característica
constitutiva de los ingresantes de una institución de estudios superiores.
Tomamos algunos planteos elaborados por Mario Margulis, reconocido referente
sobre el tema de juventudes, y construimos un modesto marco teórico para
aproximarnos en lo metodológico con menos ingenuidad sobre la singularidad de
este grupo al cual denominamos jóvenes.
Siguiendo
entonces las ideas de Margulis reconocemos una primera aproximación
considerando que “Juventud alude a la identidad social de los sujetos
involucrados. Identifica y, ya que toda identidad es relacional, refiere a
sistemas de relaciones”. (MARGULIS: 1996, 105). Y si sólo una definición
estuviese en juego dentro de estas primeras ideas podríamos tomar que “juventud es un significante complejo que
contiene en su intimidad las múltiples modalidades que llevan a procesar
socialmente la condición de edad, tomando en cuenta la diferenciación social,
la inserción en la familia y en otras instituciones, el género, el barrio o la
microcultura grupal” (MARGULIS: 1996, 106).
Entonces
esta idea extendida en las opiniones personales de juventud como un momento
anclado en un segmento de edad, una instancia presente en la vida de todas las
personas está limitada cuando lo relacional entra en juego. Un o una joven lo
es dentro de una red de relaciones que a su vez juega entre otras relaciones
más generales. El lugar primario donde se pueda reconocer esta función dentro
de un grupo es en la familia. Reconocemos a los jóvenes en el ámbito familiar
porque es ese miembro que, si bien tiene actividades, estas no se relacionan
con el sustento del grupo. No tienen la responsabilidad de organizar las tareas
ni de proveer alimentos, el hábitat, las vestimentas ni otros artículos a los
demás. Están liberados de este tipo de obligaciones. Por otra parte, este
“permiso” social tiene como consecuencia una disponibilidad de tiempo ligado a
otras actividades y otros grupos con las mismas características, este tiempo
disponible Margulis lo denomina Moratoria
social[2]:
“La noción de “moratoria social”
alude a un plazo concedido a cierta clase de jóvenes, que les permite gozar de
una menor exigencia mientras completan su instrucción y alcanzan su madurez
social y económica. Es un período de permisividad, una especie de estado de
gracia, una etapa de relativa indulgencia, en que no les son aplicadas con todo
rigor las presiones y exigencias que pesan sobre las personas adultas. (…) Es
una etapa que media entre la maduración física y la madurez social y no alcanza
a la totalidad de la población de cierta edad: remite sobre todo a las clases
medias y altas cuyos hijos, en proporción creciente, se fueron incorporando a
estudios universitarios, incluyendo, en épocas más próximas, la demanda de
estudios de posgrado, cada vez más prolongados”. (MARGULIS, 2009, 106-107).
La
misma categoría de moratoria social es un elemento constitutivo de la juventud.
Es decir, la presencia efectiva de la misma, el despliegue de ciertas
actividades en el marco de esta noción, posibilita el reconocimiento del
momento en la vida de las personas al cual denominamos juventud. A la vez,
entendida como condición, no se encuentra extendida dentro de la totalidad
social. Esto nos permitió comprender que la juventud no es una etapa presente
en la vida de todas las personas, sino es la realización de un momento de la
vida de algunas, en las que se pone en juego las posibilidades económicas del
grupo primario, de la familia. Quienes hemos ejercido la docencia en sectores
de bajos recursos podemos ver en ocasiones estudiantes con características que
no son propias de la mayoría, con 14 o 15 años muchas veces son los encargados
de sus hermanos menores y su rol dentro del grupo no es el de joven sin
responsabilidades sino justamente el de una persona adulta.
No
solamente el origen de clase marca un límite en la moratoria social. Existen diferencias
determinadas por tradiciones culturales. Sucede en grupos donde su historia o
tradición, ligada íntimamente a comunidades de culturas pre-capitalistas, el
sustento del grupo primario depende de la organización del trabajo familiar. En
estos casos, la unidad de sustento del grupo es la misma familia y por lo tanto
las relaciones entre sus miembros son armónicas dentro de esta característica
vital. Es por eso que los miembros que alcanzan la edad de 14 o 15 años suman
al recurso de trabajo del grupo entero, asunto que resulta conflictivo con la
creciente extensión de los derechos a la infancia y la juventud.
Otro
punto significativo de la propuesta de Margulis viene a cuenta de que esta
moratoria social, este “permiso”, no es enteramente “gratuito”. La moratoria
social como momento o etapa en la vida está reservada para la preparación de
las/los jóvenes hasta alcanzar su madurez social e independencia económica, ser
otro que no es hijo dentro de nuevos grupos, compañeros/as de trabajo: colegas,
parejas, jefes/as, delegados/as, etc. Este momento preparatorio es tiempo
dedicado a completar la formación, o mejor, a especializar su formación básica.
Por supuesto el lugar donde ocurre esto es en el sistema educativo[3].
Dejamos abiertas todas las posibles líneas de debate concerniente a la
realización de la juventud, al aprovechamiento de esta moratoria social, y lo
importante de un sistema educativo que no alcanza quizás con definirlo como
solamente público. Habría que sumar ideas como abierto, plural, flexible,
democrático, horizontal en contra de la verticalidad del ascenso de títulos; e
incluir el tema de la eficacia por trayectorias, egresos, etc. entre otros
puntos polémicos.
Este
circuito formativo donde reconocemos la juventud, en el cual se juega buena
parte de ser jóvenes, y más allá de las discusiones que convoque; forma parte
de expectativas esperadas por ese otro grupo de personas formado por los padres
o dirigentes. El tiempo reconocido por la moratoria social puede evadir la
propuesta brindada por el sistema educativo y ser ocupada por otras instancias
como puede ser la marginalidad o el mercado, y en este último en su variante
laboral, como trabajadores/as, o como consumidores/as. Estos recorridos también
constituyen a la juventud desde otros circuitos, aún cuando estos no generan
las mismas expectativas sobre los jóvenes, como en el caso de la marginalidad.
Más
allá de las ideas convocantes de pensar la marginalidad como circuito donde la
juventud también se constituye como tal nos gustaría profundizar sobre otro de
los recorridos más aceptado, menos notorio y con poca polémica. Pensamos en la
forma primaria en la cual entran en contacto los jóvenes con el mercado. La
preocupación sobre el primer empleo en el debate sobre ocupación es una de las
maneras dónde surge esta relación entre juventud y mercado. Sin embargo, el
vínculo más intenso e incluso más temprano se da desde el otro lado de esta
relación, los jóvenes desde el consumo. Las estrategias de las políticas de
ventas construyen una imagen social de juventud dominante, extendida
socialmente y a la vez motor del deseo social. Justamente los medios de
comunicación representan la juventud gozosa, intensa, divertida, experimental,
vinculada íntimamente a las actividades de entretenimiento y en muchas
ocasiones evitando los momentos de trabajo o producción. En este caso, además
de proponer otro circuito que llene el tiempo de la moratoria social, pone en
juego otra concepción esta vez sí perteneciente a una etapa del desarrollo de
todas las personas. Margulis introduce entonces la noción de Moratoria vital,
complementándose con la anterior, extendida en toda la sociedad debida cuenta a
que es una definición del desarrollo biológico: “Introducimos aquí el concepto
de moratoria vital, que nos indica
que la juventud es una condición definida por la cultura pero que tiene una
base material vinculada con la edad. Esto señala aspectos relacionados con el
cuerpo, como salud, energía, capacidad reproductiva, y también remite a
características culturales relacionadas con la edad (MARGULIS: 2009, 108).
El
punto de encuentro entre consumo
(incluyendo en esto el rol de los medios de comunicación) y moratoria vital (esta sí ligada a cierta
etapa de la vida del conjunto social) presenta la idea de juventud dominante en
nuestro tiempo. La juventud representa el perfil ideal o idealizado del cuerpo
contemporáneo, es decir se persigue la imagen juvenil como el ideal de la
especie, incluso superada la misma etapa vital. La moratoria vital asociada al
desarrollo biológico liga lo juvenil a determinadas actividades, como los
deportes extremos o prácticas que dependen de la flexibilidad corporal, que
tienen una gran presencia y aceptación social. Muchos de estos/as jóvenes son
celebridades entre sus pares e incluso superan las líneas del contacto directo
ganando reconocimiento en los medios de comunicación. Por lo tanto, son un
modelo del éxito muy temprano.
Esta
mirada sobre el cuerpo juvenil está acompañada fuertemente con un momento
mercantil, para denominarlo de alguna manera. La juventud es un segmento de
consumidor privilegiado de productos (considerando las variedades dentro de un
mismo rubro) e innovaciones, y en general vinculados al nuevo desarrollo
tecnológico. Como vemos en muchos espacios de recurrencia social,
fundamentalmente difundido por los medios de comunicación como el cine, la
juventud resalta sobre otras etapas de la vida como momento ejemplar del
recorrido vital de las personas. Claro está en el medio de una profundización o
expansión del consumo social.
Otro
de los aspectos singulares del tema de juventudes proviene justamente de estos
planteos sobre idealización social sobre la juventud. En trabajos de colegas de
otras provincias vimos alterar la categoría de juventud, centrado a veces en el
grupo social de “jóvenes”, o los “jóvenes” definido por los rasgos
generacionales o biológicos; por lo “juvenil”, asociado a las prácticas que
centralmente realizan los jóvenes, pero comparten con generaciones de adultos.
Lo “juvenil” implica el borramiento de la línea simbólica que separaba
claramente a las generaciones en etapas anteriores, como pasar de vestir
pantalones cortos a los largos o compartir una mesa de café en un lugar
público. Considerar “lo juvenil” en el problema de las juventudes expone cómo
las valoraciones sociales contemporáneas sobre este grupo social inciden en la
dinámica general de la sociedad. El cambio fundamental se da porque lo
“juvenil” habilita a los adultos a compartir bienes y actividades con los
“jóvenes” desde la vestimenta hasta asistir a recitales de rock, etc. En
momentos anteriores, quizás podríamos decir en una etapa moderna, el movimiento
era inverso, es decir las generaciones más nuevas pujaban por pertenecer al
espacio legitimado de los adultos. En
nuestro grupo de trabajo resultaron muy interesantes estas observaciones sobre
las prácticas sociales y por eso adoptamos esta idea de “lo juvenil” para
enmarcar el desarrollo de nuestro trabajo.
Este
recurrente proceso de reflexionar sobre las juventudes o “lo juvenil” también
mostró una característica menos notoria del fenómeno. pero no menos importante.
Para desplazar cierta visión estática sobre juventud, visión impregnada por el
supuesto que esta etapa está presente en todas las personas determinada por la
edad, parece interesante tomar la juventud como un proceso. Si la moratoria
social describe un tiempo disponible, este no puede ser tiempo vacío, más bien
está compuesto por un conjunto de actividades en donde la misma realización de
éstas tiene un carácter formativo en los sujetos. Jugando con las palabras
podemos decir que joven no se es, más bien joven se está siendo. La alteración del modo verbal indica justamente ese
carácter dinámico de la juventud donde constantemente incluyen y/o desechan
prácticas, formas (tanto estéticas como de modos de ser), etc. Considerar este
proceso, la dinámica que pone en juego ser joven, muestra a la vez la
producción de lo que llamamos lo “juvenil”, es decir un repertorio de imágenes,
objetos, actitudes, acciones, actividades, etc. que implica “estar siendo
jóvenes”. Así podemos considerar a lo “juvenil” como un subproducto de la
economía contemporánea.
Esta
perspectiva de proceso de los jóvenes expone justamente un momento sensible de
la posibilidad de ser joven de una manera determinada, debida cuenta que para
cumplir con las posibilidades del proceso de ser joven está presente la
mediación del acceso a los bienes, prácticas, servicios, actividades,
instrumentos, etc., acceso obviamente repartido de forma inequitativamente en la
totalidad de la sociedad. De aquí se sigue una de las líneas más conocidas del
campo donde se indica que no hay juventud sino juventudes, y remarcamos la
tensión derivada de esta observación: la juventud (incluimos acá “lo juvenil”)
es una producción diferenciada reconocible en los grupos sociales, y un poco
menos que una opción posible dentro cohortes generacionales.
b)
Información,
relación y entretenimiento, prácticas que identifican el consumo de los medios.
El
grupo de interrogantes que en este apartado tratamos, indaga qué medios usan
los o las jóvenes para informarse, cuáles para entretenerse y cuáles para
relacionarse. Por otra parte, también interrogamos a los/las encuestadas en qué
medios les gustaría incrementar su uso, intentando acercarnos a la diferencia
entre lo que realizan y que les gustaría hacer, siempre contemplando las tres
prácticas propuestas en la investigación. En este momento de la investigación
intentamos aproximarnos a la diferencia que existe entre posibilidades de
consumo como parte de la realización juvenil y las condiciones en las que se
da. Esta discrepancia, o no, pone de manifiesto una de las características más
importantes del consumo: la apropiación del capital simbólico en el marco de la
propiedad de medios. Aunque esto parezca una obviedad podemos decir que el acceso al consumo cultural tiene otras
modalidades que no son exclusivamente la propiedad individual, como en el caso
del cine o del teatro, donde entra en juego la apropiación colectiva, aún
cuando la posibilidad está vinculada a la disponibilidad de recursos. Otra
modalidad de acceso se da a través del Estado, sea en las mismas órbitas del
gobierno, de instituciones sociales o educativas, ONGs o incluso desde partidos
políticos donde intervienen la idea del acceso por fuera de la propiedad.
Este
momento de la investigación, central para nuestros planteos iniciales, mostró
la relevancia de tres medios en cuanto a las prácticas ya señalas. El conjunto
de datos relevados muestra las opciones aglutinadas a prima facie en tres medios: televisión, internet y celular, para
los casos de informarse y entretenerse; y en el caso de
relacionarse las/os encuestadas/os reemplazan a la televisión por el contacto
personal a través de charlas. Sin embargo, y como anteriormente planteamos, al
considerar el consumo juvenil como un proceso, el protagonismo inicial de estos
medios debe enmarcarse en un conjunto más amplio donde incluyen más recursos.
Este repertorio u “orquesta” de medios surge a partir de considerar que las
opciones no necesariamente excluyen un medio por otro. Las/los jóvenes no eliminan
medios dentro de sus posibilidades más bien posponen su elección.
Teniendo
en cuenta la salvedad de la experimentación juvenil dentro de una “orquesta” de
medios, la televisión surge como un medio
persistente. De los tres medios, la pantalla del hogar, es el único medio
surgido en el siglo XX[4]
que mantiene su legitimidad masiva. Es la primera opción en cuanto al entretenimiento, práctica consolidada
desde el siglo pasado, y suma la de medio de información relegando a los
diarios y la radio. Como nota aclaratoria deberíamos considerar la
dinámica mediática[5], en el
presente los diarios siguen marcando la agenda de los demás medios, luego la
radio y finalmente la televisión. Por esto, si bien la televisión es un medio
privilegiado de información, el origen de la misma lo mantiene la prensa
escrita. Esta persistencia dentro de las opciones proviene de la capacidad que
ha tenido la televisión de transformarse a través del tiempo. Si bien corrientemente nombramos
televisión a un medio y una práctica asociada de alrededor de 70 años, lo
cierto es que en la actualidad “ver televisión” tiene muchas variantes. La
televisión contemporánea es un fenómeno mucho más complejo que en el siglo
pasado, prácticamente ha modificado toda su estructura inicial: desde la
programación (limitada en horas y segmentada según el grupo familiar) hasta el
acceso de contenidos que en la actualidad pueden ser múltiples; de ser el
mueble del living a ser una pantalla individual, entre otras muchas
características. No podemos dejar pasar que esta “flexibilidad” de la
televisión obviamente está condicionada, por lo que marcábamos en las líneas
iniciales de este bloque, las posibilidades de acceso por medio de la propiedad
o las posibilidades económicas.
Retomando
los resultados; la primera opción utilizada por las/los jóvenes con el objetivo
de informarse es la televisión, alcanza el 67% de las encuestadas/os:
|
67% |
mujeres |
43% |
|
varones |
47% |
|
|
Ns/Nc |
1 |
|
Jóvenes-jóvenes |
43% |
|
Jóvenes
medios |
44% |
|
Jóvenes-adultos |
51% |
Como
vemos el porcentaje total relativamente semejante pertenece a la descripción de
género. Sin embargo, generacionalmente quienes prefieren ver televisión para
informarse en su mayor proporción son el tercer grupo de jóvenes-adultos o
adultos-jóvenes. En principio podemos decir que esto rompe con una idea
popularizada sobre los jóvenes de menor edad a quienes se les adjudica ciertas
prácticas donde la recompensa (por decirlo de alguna manera) sea por medio del
menor esfuerzo posible. Por otro lado, estos datos nos muestran que la
legitimidad informativa de la televisión se encuentra en un sector el cual
tiene mayor carga de responsabilidades y ese menor esfuerzo está ligado a las
posibilidades determinadas por el “tiempo libre”.
Siguiendo
entonces las líneas sobre el tema de información
abierta por el dominio de la televisión introducimos algunos interrogantes para
seguir el análisis: ¿qué lugar ocupan los otros medios considerando la
información?, ¿cuál es el conjunto de medios que utilizan los jóvenes para
informarse?, ¿cómo está compuesta la “orquesta” de medios?
Es
claro que internet está dentro de
las opciones, pero resulta curioso que solo alrededor del 30% de los jóvenes
recurren a internet para buscar información en primeras instancias. De las opciones requeridas en
las repuestas la mejor performance de este medio estuvo en la segunda opción de
tres (31%). Sin embargo, cuando sumamos la totalidad de las opciones (es decir
considerando las tres opciones), Internet tiene el mismo lugar que la
televisión, el 77% de las/los jóvenes usan internet para informarse. El
celular se encuentra en el tercer lugar entre los medios que utilizan los
jóvenes para adquirir información (sumando todas las opciones llegan al 42%).
Los
medios de información más tradicionales como la radio y los diarios, sumando la
totalidad de las opciones, tienen el 32% y 18% respectivamente. Esto nos indica
que un tercio de los jóvenes utilizan la radio como fuente de información, y
casi un 20% leen diarios, si bien no sería la primera opción. Relevar
justamente un conjunto de opciones en las prácticas permite ver la composición
amplia de medios utilizados por los jóvenes para informarse. A la vez nos
acerca a poder comprender cómo van conjugándose opciones tradicionales con las
nuevas, punto importante a tener en cuenta al realizar consideraciones sobre
las innovaciones tecnológicas.
|
Medios |
1
mención |
2
mención |
3
mención |
|
Televisión |
118 67% |
53 |
35 |
|
Internet |
77 |
84
31% |
45 |
|
Celular |
27 |
35 |
52
19% |
|
Radio |
19 |
38
14% |
29 |
|
Diarios |
7 |
9 |
33
12% |
Tomando
en cuenta los cortes generacionales (en cuanto a género no existen diferencias
significativas) las curiosidades en los medios tradicionales están marcadas por
dos grupos. El grupo que más escucha radio para informarse son los
jóvenes-adultos o adultos-jóvenes, y por otra parte el grupo que lee más los
diarios para informarse es el de los jóvenes-medios.
|
Jóvenes-jóvenes |
12% |
|
Jóvenes medios |
15% |
|
Jóvenes-adultos |
24% |
|
Jóvenes-jóvenes |
10% |
|
Jóvenes medios |
22% |
|
Jóvenes-adultos |
11% |
De
la “orquesta” de medios utilizados por las/los jóvenes el teléfono celular posee la mayor carga simbólica
de nuestro tiempo. Esto es ampliamente comprobable cuando indagamos los medios
utilizados para relacionarse entre
sí, este instrumento considerando la suma de las tres opciones tiene el 89% de
usuarias/os para vincularse con los demás. El primer punto importante para señalar es que
prácticamente el uso del celular como medio para relacionarse agota la
totalidad de su porcentaje en las dos primeras opciones; por otra parte,
es la práctica que utiliza el menor número de medios:
|
Medios |
1
mención |
2
mención |
3
mención |
|
Celular |
121
45% |
101
38% |
17 |
|
Internet |
75 |
68 |
62 |
|
Una charla personal |
52 |
51 |
85
32% |
El
segundo punto significativo en cuanto a la utilización del celular para
relacionarse está marcado tanto por los grupos generacionales de jóvenes como
también por el género. Un poco más de la mitad mujeres (52%) tienen como
primera opción para relacionarse a este soporte mientras que esta misma
proporción es para los varones en la segunda opción:
|
45% |
mujeres |
Varones |
|
94
52% |
27
32% |
|
38% |
mujeres |
varones |
vacías |
|
56
31% |
44
52% |
1 |
Teniendo
en cuenta el corte generacional la adhesión al celular como medio para
relacionarse los resultados son escalonados, siendo los jóvenes del primer
grupo quienes utilizan el celular para relacionarse en primera instancia y
disminuye en cuanto aumenta la edad.
|
45% |
Jóvenes-jóvenes |
49% |
|
Jóvenes
medios |
41% |
|
|
Jóvenes-adultos |
33% |
|
|
vacios |
1 |
|
38% |
Jóvenes-jóvenes |
35% |
|
Jóvenes
medios |
44% |
|
|
Jóvenes-adultos |
42% |
|
|
vacios |
2 |
Entre
los medios tradicionales señalados aparece la radio 23 % y el cine 17%; en
estos casos los jóvenes medios los mencionaron con más frecuencia. Un 15% de
las/los encuestados señalaron los libros como medio para entretenerse y el
grupo de jóvenes-adultos se diferencia de los demás en este punto, las revistas
fueron mencionadas por un 13% sin diferencias significativas de grupo.
Retomando
la introducción al presente bloque de datos la tensión en el relevamiento de
consumos culturales puede verse en los resultados cuando interrogamos qué medios les interesaría incrementar su uso. La dispersión es
bastante clara, es decir que la “orquesta” de medios en el caso de mejorar las
posibilidades de consumo sería más amplia de la que actualmente utilizan
. El repertorio supera los 10 medios, tomando en cuenta fracciones mayores de
7% u 8%, e incluyen a los museos, teatro, la lectura de diarios dentro de las
posibilidades. Por otra parte el número más significativo en este punto fueron
la ausencia de respuestas, un 30% no nombró ningún medio. En el grupo este tema
es todavía bastante discutido por las múltiples implicancias que tiene, pero no
podemos dejar pasar la fuerte posibilidad de que este número indique cierto
grado de desinterés o anomia por los recursos e incluso por el acceso al
capital simbólico mismo. Si consideramos que el trabajo fue un relevamiento
realizado en una institución educativa el desinterés por mejorar o ampliar los
recursos para acceder al capital simbólico muestra cierto rasgo singular de
época, en el cual podemos ver mejor en el grupo denominado NI-NI.
Retomando
los números del relevamiento al 39% les interesaría aumentar el consumo de Internet, considerando la suma de las
tres opciones. Ahora bien, en este punto surge una característica bastante
repetida en el recorrido de datos debida cuenta a que los grupos que más les
interesaría incrementar el uso de Internet son los extremos entre los más
jóvenes y los de mayor edad.
|
Jóvenes-jóvenes |
23% |
|
Jóvenes
medios |
4% |
|
Jóvenes-adultos |
20% |
|
Vacios |
1 |
Otro
de los medios el cual interesa a las/los jóvenes incrementar su
uso-consumo-acceso es el cine. En la
totalidad de las opciones el 28% de los encuestados respondieron que les
interesaría asistir al cine más frecuentemente. El grupo destacado en este
punto es nuevamente el grupo de los jóvenes medios, es decir el mismo público
que mayoritariamente asiste al cine es el mismo al que le interesaría
incrementar esta asistencia.
Un
punto significativo es la valoración de los jóvenes a la interacción personal.
En el tercer lugar de las consideraciones a un 26% de las/los encuestados les
interesaría aumentar la charla personal, siempre considerando la totalidad de
las opciones. Este es un punto polémico en la discusión sobre las nuevas
tecnologías (las empresas vinculadas a estas incluyendo a los medios de
comunicación y la publicidad) las cuales proponen llenar por completo el tiempo
laboral, el doméstico y personal, e incluso brindarse como opción para ocupar
el tiempo libre. En el grupo de trabajo este requerimiento de las/los jóvenes
lo vimos como límite al despliegue de las nuevas tecnologías en el espacio
social y personal.
Por
otra parte, también es significativo como este 26% se reparte considerando los
grupos generacionales, donde nuevamente la adhesión es escalonada. La necesidad
de incrementar una charla personal escala mientras aumenta la edad:
|
Jóvenes-jóvenes |
9% |
|
Jóvenes
medios |
18% |
|
Jóvenes-adultos |
22% |
Sobre
el resto de los medios sumando la totalidad de opciones, un 24% elegiría al celular para aumentar su
uso (destacándose los jóvenes-medios), el 22% elegiría la biblioteca
(nuevamente se destacan los jóvenes medios y los menos interesados son los
adultos-jóvenes), el 20% diarios, el 18% radio (destacándose los dos extremos
generacionales), 17% televisión y teatro, 16 % libros (en este caso se destacan
las mujeres sobre los varones dentro de los grupos más jóvenes y los medios),
14% museos por arriba del incremento del
uso de la computadora 10% (acá hay que aclarar que sería el uso de la máquina
excluyendo a Internet), 9% revistas.
Independientemente
del medio elegido el 45 % de las encuestadas/os fundamenta su decisión en la
necesidad de informarse. Nuevamente los grupos destacados dentro de este punto
del relevamiento son los dos extremos generacionales. El 49% de los más jóvenes
indicaron aumentar el uso en algunos de los medios impulsados por la necesidad
de informarse, mientras en el grupo de los jóvenes-adultos fue el 40% y el 22%
de los jóvenes medios. Si tomamos en cuenta el número general de 45% y que el
relevamiento se encuentra en una institución educativa podría considerarse un
porcentaje desalentador. Sin embargo, las instituciones educativas en el
despliegue de lo juvenil sirven además de la formación para la experimentación
del tiempo disponible dado por la moratoria social, tiempo destinado además de
formarse, también de relacionarse con nuevas personas e incluso de
entretenerse.
Sobre
los porcentajes de las demás prácticas el 18% respondió que aumentaría el uso
de algunos de los medios con el objetivo de relacionarse y el 13 % para
entretenerse. También un núcleo menor de las encuestadas/os tres combinaciones
más donde interviene la información o vinculada al entretenimiento (6 %) o a la
relación (6%) o incluso las tres (3%).
c)
Las
nuevas y viejas tecnologías de la comunicación. Dilemas del conocimiento y la
información.
Debido
a que nuestros encuestados/as se encuentran con la conclusión del periodo de
escolarización obligatoria (nivel primario y secundario), en este momento del
trabajo intentamos una evaluación de ese
proceso de escolarización. Este tipo de rastreos son habituales en el campo
de estudios sociales, por lo tanto, existen estadísticas comparativas en
diferentes países de Latinoamérica, específicamente sobre el tema. En nuestro
caso la evaluación del periodo de escolarización obligatorio intenta
complementar nuestro rastreo inicial, por ello, los datos explicitados en el
presente escrito están condicionados a las preguntas iniciales sobre
Información, relación y entretenimiento.
Los
aportes más significativos en este apartado provienen del interrogante sobre
qué medios debería usar el sistema educativo para concretar mejor su objetivo.
Debido a que nuestro rastreo involucró tres prácticas que sintetizan gran parte
de la experiencia contemporánea, y ésta, ligada a las tecnologías de
comunicación e información, la evaluación del propio proceso educativo por
parte de las personas encuestadas, resultó reveladora. Si bien en su mayoría (62%) no respondieron qué medios
debería usar la escuela para cumplir con su objetivo, aquellos/as que
respondieron en su primera opción nombraron a las Bibliotecas y en segundo
lugar Internet. Siguiendo la lectura de la tabla podemos ver que además de
estos medios se suman otros medios que en el resto del trabajo se encontraban
ausentes, como museos o teatro.
|
|
Opción
1 |
Opción
2 |
Opción
3 |
Opción
4 |
Opción
5 |
|
Biblioteca |
59 |
37 |
14 |
13 |
3 |
|
Internet |
47 |
37 |
25 |
15 |
11 |
|
Libros
o novelas |
20 |
16 |
30 |
22 |
8 |
|
Una
charla personal |
18 |
11 |
16 |
22 |
21 |
|
Computadora |
13 |
25 |
24 |
22 |
15 |
|
Radio
|
9 |
10 |
13 |
14 |
10 |
|
Museo |
8 |
11 |
9 |
10 |
10 |
|
Otros
|
5 |
12 |
11 |
7 |
14 |
|
Cine |
4 |
4 |
5 |
6 |
9 |
|
Televisión
|
4 |
8 |
7 |
6 |
13 |
|
Diarios |
3 |
9 |
9 |
13 |
9 |
|
Revistas |
1 |
6 |
7 |
4 |
7 |
|
Teatro |
1 |
3 |
8 |
6 |
8 |
|
Celular |
0 |
0 |
3 |
6 |
4 |
|
Ns/Nc |
15 |
18 |
26 |
41 |
65 |
Considerando
la suma de todas las menciones los resultados de la tabla se modifican
levemente, Internet es mencionado por el 50% de los/las encuestados/as y Biblioteca
es mencionado por el 47%. Más allá de esta ligera modificación en el orden,
sorprende que entre los/las encuestados/as la relevancia de medios asociados a
la representación simbólica de generaciones anteriores, o de tecnologías con
mayor tradición.
Reconocemos
en este apartado dos fenómenos singulares. En primer lugar, la mencionada importancia de las tecnologías
tradicionales, en dónde podemos decir que está presente en el imaginario de
las/los jóvenes un conjunto de recursos asociado sobre la vida en conocimiento.
Este imaginario comparte tecnologías tradicionales y nuevas, sin descartar
posibilidades respecto a su formación. En segundo lugar, la dispersión de medios, contrastante con las
pocas alternativas cuando interrogamos sobre el uso. En el menú de opciones
que indicaron las/los encuestados/as el conjunto de medios posee una mayor gama
de opciones. Este fenómeno también llama nuestra atención debido a que las
aspiraciones de los/las ingresantes las expectativas de experimentar incluyen
mayores posibilidades que las posibilidades de concretar. Este punto refuerza
lo que habíamos señalado líneas atrás con respecto a que las posibilidades de
realización de “lo juvenil”, el componente económico-social es de fundamental
importancia en el momento de la realización de actividades y las posibilidades
que tengan de acceder a ellas.
Ahora
bien, sobre qué debería aportar la
escuela para cumplir sus objetivos el 81% respondió que debía concentrarse
en la información. En este caso el porcentaje tiene más concurrencia entre los
jóvenes-jóvenes (85%) y disminuye escalonadamente: jóvenes-medios (78%),
jóvenes-adultos (71%). Estos dos últimos grupos se desplazan a compartir
levemente la categoría de relación como importante para cumplir los objetivos
de la escuela.
Siguiendo
con el relevamiento sobre qué debería aportar la escuela un 6% respondió que
relación (al que se deben sumar 2% que respondieron el par de información y
relación y otro 2% que respondieron información, relación y entretenimiento).
Finalmente, un 4% respondió que debería aportar entretenimiento. Cuando este
último número lo comparamos con la pregunta que aportó la escuela, quienes
respondieron entretenimiento fue el 1%. Esta diferencia nos sugiere que quizás
los/las encuestadas/os al preguntar que debería aportar la escuela respondieron
entretenimiento, entendiendo que debería ser entretenida.
Sobre
lo que específicamente aportó la escuela,
los valores presentan mucho menos consenso. El 60% respondió que la escuela lo
ayudó con informarse, y el resto del porcentaje se reparte entre las opciones
de relacionarse (11%), información y relación (10%) y el conjunto de
información, relación y entretenimiento (10%). El contraste está marcado con
respecto a los grupos, en este caso el grupo de mayor acuerdo es de mayor edad,
quienes en un 64% respondieron que la escuela los ayudó con informarse.
Retomaremos este punto en el próximo párrafo para arriesgar algunas líneas más
sobre la lectura.
En
cuanto a la utilidad de la escuela
para su vida el 95% respondió afirmativamente. Prácticamente la mayoría de los
encuestados/as están de acuerdo con la escolarización recibida. El grupo
destacado sobre este tema es el perteneciente al de los jóvenes-adultos, el 98%
(casi en su totalidad) estuvieron de acuerdo con la utilidad de la escuela.
Considerando además que el mismo grupo en el punto anterior (que esta
colaboración fue sobre informarse) fue el destacado, se arriesgó en el equipo
de investigación que la diferencia estaba señalando algunas notas sobre la
calidad educativa. En discusiones moderamos este primer planteo y llegamos al
acuerdo que lo que se podría decir con más o menos certeza es que, al menos, en
la memoria de la calidad educativa es mayor mientras más tiempo ha pasado. Un
equivalente a que todo tiempo pasado fue mejor que el presente.
- Conclusiones.
El
análisis de los datos nos aproxima a algunos aspectos de la identidad en curso
de los jóvenes. Podríamos decir una identidad “en fuga”, porque a la vez que
nos aproximamos pierde actualidad. Nuevos grupos y nuevos elementos comienzan a
formar instancias nuevas, movido por la misma dinámica del desarrollo
tecnológico, por un lado, y por otra parte no menos importante del consumo. En
la actualidad un joven transitando sus 20 años no reconocería las conductas de
los adolescentes actuales, cuando entre ellos el salto “generacional” es mucho
menor de lo que significaba apenas una treintena de años atrás. El presente
incluye una serie de elementos tecnológicos -y culturales- ausentes en la
década precedente, conductas ahora cotidianas hace 10 años atrás podrían
interpretarse como “fuera de lugar”.
Sin
embargo, lo más destacable del rastreo no lo reconocemos en los aspectos
“nuevos”. Lo importante del trabajo lo encontramos en justamente que esta
identidad en curso, en proceso, que también mantiene en su subjetividad algunos
rasgos más reconocibles. El amplio acceso a las imágenes por internet a través
de dispositivos móviles, de uso individual, no significa que el teatro o el
cine queden fuera de las opciones deseadas por los y las jóvenes. También las
menciones sobre la importancia de las bibliotecas para la educación señalan que
en la subjetividad presente resiste una identidad con más trayectoria.
Justamente esta resistencia, llama nuestra atención sobre lo que denominamos
consumo cultural[6].
¿Qué
nos preocupó y ocupó en los rastreos de consumo cultural en los y las jóvenes
de nuestro tiempo? Una versión complaciente, naturalizada hoy. Creemos que lo
significativo es saber y, por ello indagar cómo nuestros jóvenes están
conformando su universo simbólico y cómo esto se vincula en su subjetividad
¿Leen? Porque suponemos que el ejercicio de leer está aportando algo valioso.
¿Qué leen? ¿Cómo avanzar hacia sus sentidos de la lectura en sus propias vidas?
¿Por qué no arriesgarse a pensar, también, qué leen, considerar que les
interesa ir a una biblioteca o salir a buscar una experiencia pretérita como ir
al teatro? Indicadores que creemos indican la suspensión de una rutina que
consume el tiempo de alguna manera no buscada. Estas prácticas, entre otras,
¿no representarían alguna resistencia al determinismo de una sociedad en exceso
explícita, con más respuestas que preguntas?
- Bibliografía
referida
Argentina,
Ministerio de Educación de la Nación; Educ.ar S.E. (2012). Consumos culturales
digitales: jóvenes de 13 a 18 años. Buenos Aires. Coordinadora: Dra. Pini,
Mónica, Dra. Musanti, Sandra; Dr. Kaufman, Guillermo; Esp. Amaré, Mónica.
Buenos Aires, 1a ed.
Argentina,
Ministerio de Educación de la Nación, Escuela y medios (2010). Los adolescentes
y las redes sociales. CABA,
Morduchowicz, Roxana; Marcon, Atilio; Sylvestre, Vanina; Ballestrini,
Florencia. http://www.me.gov.ar/escuelaymedios/material/redes.pdf
Argentina,
Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, (2007). Tecnologías
de la información y la comunicación en la escuela: trazos, claves y
oportunidades para su integración pedagógica / Batista, Ma. Alejandra; Celso,
Viviana Elizabeth; Usubiaga, Georgina Gabriela; coordinado por Minzi, Viviana. Buenos Aires 1a ed.
BOUGNOUX,
D. (2005) Introducción a las Ciencias de la Comunicación. Buenos Aires, Nueva
Visión.
BUSTAMANTE,
Enrique; Ce las industrias culturales al entretenimiento. En revista Diálogos
de la comunicación. Revista de FELAFACS. Nº 78 enero-julio 2009.
MARGULIS,
M. (1996) La juventud es más que una palabra. Buenos Aires, Editorial Biblos.
------------------(2009)
Sociología de la cultura. Editorial Biblos, Buenos Aires.
SCHMUCLER,
H, (1998) “¿Qué decimos cuando hablamos de comunicación?” (desgrabado). Ciclo
de conferencias: Taller de comunicación alternativa, Universidad Nacional de
Córdoba.
STIEGLER,
B. “Qué clase de cosa es la información” En: BOUGNOUX, D. (comp.) (1994) Crisis
de la información. Problemas políticos y sociales, La documentación francesa,
París, Trad. Omar Gais.
WOLF,
M. (1985) La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas.
Buenos Aires. Editorial Paidós Buenos Aires.
[1] Título del proyecto: Comunicación
y prácticas juveniles. El consumo mediático de adolescentes mendocinos en la
era de las redes sociales. El
presente escrito sintetiza el trabajo de investigación sobre consumos
culturales en los jóvenes ingresantes de la cohorte 2014 al Instituto 9-015
Valle de Uco. El trabajo se realizó durante los años comprendidos entre
2013-2016, en dos proyectos bianuales. Durante todo este proceso el equipo
estuvo constituido por Lic. Andrés Collado (director), Lic Mariana Ortiz (co-directora),
Prof. Yamil Salomón (docente-investigador con formación) con la colaboración de
los y las estudiantes: Alejandrina Zotelo, Fernanda Sánchez, Liliana Villegas, Luciano
Rubio y la participación de la carrera de comunicación en las instancias de
relevamiento de encuestas. Según los datos recogidos tomando en cuenta todo el
relevamiento (sede central ubicada en la Consulta, sumadas 7 unidades
académicas), la base de datos matriz elaborada alcanzó 268 encuestas válidas. Las tareas
de trasferencias de resultados se difundieron, además, en formatos no
tradicionales como la creación y circulación de infografías y podscast on line y de circulación radial
local en https://soundcloud.com/podcast-consumos-cultural
[2] Haremos una diferencia entre este
tiempo disponible y tiempo libre ya que este segundo no puede desligarse de su
opuesto el tiempo no libre, es decir el “tiempo que llena el trabajo”
“Condicionado exteriormente” (Adorno, Consignas, 1969, 1993: 54-63).
[3] habría que considerar dos
movimientos en este tema que caracterizan los últimos 20 años, el aumento de
años en la obligatoriedad (estos es uno de los temas presente desde al menos
los años ´90) y de la especialización en estudios cuaternarios, incluidas
diplomaturas, especializaciones, y demás post-títulos.
[4] Se considera como fecha de
creación de la televisión 1939, pero podemos decir que la masificación del
medio es constatable pasado la mitad del siglo XX. En Argentina esta
masificación de la televisión puede considerarse a partir de la década de los
años ´60.
[5] Dinámica promovida por la misma
construcción de los monopolios mediáticos. En el caso de Argentina las empresas
de medios tienen en su poder medios gráficos, audiovisuales, radiales y
digitales.
[6] El trabajo del
ministerio de Educación de la Nación “Consumos Culturales digitales: jóvenes de
13 a 18 años”, 2012 recuperan una serie de definiciones sobre consumos
culturales y las tensiones que manifiestan este tema. En este escrito los
autores sostienen que: “Es importante abordar la literatura y las
investigaciones que exploran y reflexionan sobre consumos digitales de los
jóvenes (…) con el propósito de contribuir a construir una comprensión más
acabada y profunda de las características, formas de comunicación y
socialización, necesidades de aprendizaje y formas de producción que definen a
estos jóvenes” pp.9. Más allá de que la definición sólo intenta abarcar el
consumo digital podemos hacer extensible las mismas ideas a la de consumo
cultural en general.
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