Teoría de la comunicación. Parte 1

Un poco más de dos años pasaron desde la primera nota que abría este espacio, dejando un intento de reflexión sobre la comunicación desde las experiencias de un grupo de profesores/as. Así, al menos, era el proyecto. Primera nota. Curiosidades en la reflexión Comunicacional.
Tomamos la década de los ´80 del siglo pasado como punto de partida y desde ahí presentamos algunos de los giros en el pensamiento comunicacional, aquellos que habíamos podido detectar, o acceder. El presente, promediando la segunda década del siglo XXI, nos encuentra en un escenario reactivo a las condiciones de la reflexión. La pausa, la atención hacia lo otro/a, la curiosidad, predisposición a lo vincular off line, entre otras condiciones son características cada vez más curiosas dentro de las diferentes academias. No es nuestro. Estos atributos son además remplazados, o reprimidos por una burocracia educativa que momento a momento agrega una capa más de tela con yeso a un cuerpo de ideas que alguna vez gozó de mucha vitalidad. Sumado a esto, la ola de desfinanciamiento estatal a los distintos modelos de educación pública, están sentenciando a las carreras, y por ello a sus ideas, solamente a la intenciones privadas de formación. Las notas a continuación que llevan el título de Teoría de la comunicación, constituyeron lo que alguna vez circuló como material complementario en clases de Teoría de la comunicación dadas en las desaparecidas carreras de comunicación del IESVU, 9-015, Valle de Uco, en Mendoza, Argentina. Formaban un marco para comprender el despliegue de las teorías específicas.
La decisión de subir estas notas van acompañada de la misma convicción que tuvimos en el arranque de este blog. Con el devenir de los tiempos parece más apropiado reconocerlo como proyecto Fahrenheit, en honor al reconocido trabajo de Ray Bradbury, y la metáfora de su novela sobre resistir al olvido de las ideas, a la desmemoria de la crítica. 



 Propaganda y conocimiento entre guerras mundiales

Introducción

Las diferencias entre propaganda y publicidad, o incluso como dice nuestro título, la relación entre propaganda y conocimiento sugieren relaciones que remiten al pasado. Los términos de propaganda, publicidad y conocimiento, en el presente, son áreas específicas de diversos tipos de investigaciones, que si bien tienen puntos en contacto, éstos son sólo detectados revolviendo en la historia. Incluso vincularlos en el presente resulta problemático. Por ejemplo reunir a la propaganda y el conocimiento en la actualidad es bastante conflictivo, debida cuenta en que nos encontramos inmersos en un nuevo periodo de la existencia de las personas como la denominada “sociedad de la información”. Como es sabido esto supone que, como ciudadanos y ciudadanas, nuestro ámbito presente se encuentra determinado por el conocimiento, hoy “circulando” fundamentalmente por la red de informaciones global. La herramienta más conocida de esta red es Internet. Por otro lado la propaganda se encuentra asociada a la difusión de las ideas políticas en los mensajes de partidos políticos. Como se puede apreciar si el conocimiento persigue como objetivo la formación de personas en la libertad de pensamiento, la propaganda entendida de esta manera, intenta inmiscuirse en esa libertad guiándola o direccionándola a intereses partidarios.

La vinculación entre propaganda y conocimiento resulta problemática porque esto supone que los argumentos anteriores, (la libertad de pensamiento en la sociedad de la información y la dominación de los partidos políticos sobre la sociedad por medio de la propaganda), son ciertos de forma absoluta. Incluso en nuestro presente. 

El período de las guerras mundiales. 

Si bien en la actualidad cuando hablamos de red de información inmediatamente surge en nuestra cabeza Internet, la idea de organizar mundialmente una red de información fue una aspiración de mucho tiempo atrás. El antecedente más antiguo de este proyecto es la agencia de noticias creada por el húngaro Charles Havas en 1825. Esta primera red de información funcionaba, igual que la actual, a través de suscripción y los primeros abonados al servicio de información fueron financistas, diplomáticos y comerciantes.

A partir de esta fecha se organizan agencias de noticias alrededor de Europa y Estados Unidos de Norteamérica y el resto del mundo, potenciadas por la incorporación del telégrafo. Según Felipe T. B. de Quiros[1], para el año 1914, comienzo de la primera guerra mundial, las agencias telegráficas europeas seguían siendo las únicas proveedoras de noticias a los distintos medios periódicos del mundo. A pesar de que en Estados Unidos de Norteamérica ya existían tres grandes agencias, estas sólo tenían alcance nacional. Es decir estas agencias distribuían información a los medios dentro de sus fronteras nacionales, pero no llegaban a los extranjeros.

Durante el transcurso de la primera guerra mundial las agencias europeas ceden el terreno ganado. La agencia norteamericana “United press” extiende su influencias hacia América del Sur y Japón, desplazando a “Havas” y “Reuters” que había conseguido tener influencias en esas regiones. También de origen norteamericano la “Associated press” comenzó a vender información fuera del país. Finalizada la primera guerra mundial, que deja a Alemania con graves problemas financieros de los cuales se recuperará rápidamente, las agencias norteamericanas habían conseguido dominar todo el continente americano, Japón, y disputaban con “Havas” y “Reuters”, el extremo oriente.

Como es posible sospechar los intereses sobre la difusión de información fue un gran negocio desde los comienzos de las redes de información. A la vez deja entrever que la relación, entre este proceso y la democratización del conocimiento, se encuentra atravesada por intereses económicos y/o geo-políticos. Algunos puntos nos pueden ayudar a argumentar en esta dirección. Estas redes de información, en primer lugar, se limitaban a las personas de negocios, sobre todo los nuevos negocios que empezaban a ser muy lucrativos a comienzos del siglo XX. En segundo lugar el único conocimiento que circulaba por estos medios eran datos financieros y económicos, solamente información. En otros términos, datos que sólo tenían el objetivo de mejorar la posición de las personas de negocios para diagramar emprendimientos y tomar sus decisiones empresariales. Finalmente podemos decir que esta información no tiene carácter de pública, ya que se encontraba limitada por los aranceles de la suscripción al servicio.

No se nos puede escapar el detalle de los orígenes territoriales de estas primeras agencias.  La mayoría de los Estados nacionales que se habían consolidado a principios del siglo XX tenían sus agencias de noticias que vendían información dentro del territorio nacional. Pero como lo vimos, muy pocas agencias nacionales tuvieron las posibilidades de cubrir territorios por fuera de sus límites soberanos. No es casualidad que las agencias más importantes del siglo XIX y XX tuvieron como centro nacional a Estados que intentaron o intentan expandir su zona de influencia política y económica más allá de sus fronteras soberanas. Havas  fue la agencia de noticias de Francia, Reuters (todavía una de las agencias de noticias más importantes del mundo) es la agencia de la Gran Bretaña. Y por supuesto Associated Press y United press de los Estados Unidos de Norteamérica. 

Después de la Primera Guerra Mundial, el proceso iniciado por las agencias de noticias, se complementará con otro. Un nuevo fenómeno se consolidaba para la década de los años ’20. “La comunicación masiva se impuso en las primeras décadas del siglo. Con la llegada de la radio, la década del ’20, la vida ya no sería la misma. El nuevo electrodoméstico ocupó un lugar central en el hogar. La familia se congregaba a su alrededor para escuchar sus programas favoritos o para enterarse de las últimas noticias. Información, entretenimiento, poder: una síntesis del fenómeno que empezaba a ser motivo de preocupación de los gobiernos y objeto de estudio de los investigadores.”[2]



La propaganda como instrumento de conocimiento. El miedo a la invasión extranjera.
 

El período de entre-guerras, el tiempo que separa la primera de la segunda guerra mundial, se organizan la mayoría de los organismos estatales encargados de administrar la información y el conocimiento público en las entonces principales potencias militares (ver entrevista a Noam Chomsky). El más referenciado en la literatura, el Ministerio de Cultura y Propaganda Alemán (creado el 12 de marzo de 1933). El Departamento de Agitación y Propaganda (agit-prop) en la antigua URSS (creado en 1920), el Ministerio de la Cultura Popular (Minculpop) en la Italia de Mussolini (en 1935), pero también el Comité sobre Información pública en Norteamérica (entre 1913 y 1921), y el antecedente de todos estos, el Ministerio de Información británico (creado durante la primera guerra mundial). Es decir, el período de entre-guerras consolida la administración, por parte de los Estados, de la información difundida por los nuevos mecanismos de reproducción de mensajes (fundamentalmente la radio y el cine).

La administración de la información no fue característica exclusiva de este período. El poder de poseer los datos y conocimientos en detrimentos de grandes sectores de la sociedad se pueden rastrear desde los primeros pasos de la escritura. Recordemos, sino, los antiguos monasterios que durante siglos fueron los depositarios y administradores del conocimiento escrito. Durante mucho tiempo controlaron el saber, y la interpretación de éste, en las sociedades antiguas o medievales, gracias en parte al analfabetismo.

La administración de la información del período de entre-guerras también tiene un recorrido propio y una serie de variantes. Se puede elaborar una lista de medidas que va desde la simple censura, a un modelo bastante más desarrollado y complejo, como el de la propaganda. Si en la censura el objetivo es la prohibición lisa y llana de ciertos contenidos por considerárselos inconvenientes, la propaganda mejorará el control por medio de una re-definición en la administración de la información. Los aportes más significativos para el estudio de la propaganda y sus objetivos son las consideraciones de Joseph Goebbels, ministro de cultura y propaganda alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Goebbels sostenía que “La esencia de la propaganda consiste en ganar gente para (nuestra) idea. (Y que esto se vea)  de una forma tan sincera, tan vital que, al final, sucumba ante ella de tal manera que ya no la pueda abandonar nunca”[3]

Entonces podemos decir que la función de la propaganda, a partir del período de entre-guerras, fue la re-creación de lazos sociales en las masas, y estos lazos son incorporados por medio de un entero modo de vida nuevo. Vamos a entender por modo de vida, a todas las ideas, religiosas, económicas, políticas, etc; que elabora un grupo personas como justificación de sus prácticas en la vida social. La  incorporación de esta idea funciona, por medio de diversos mecanismos, hasta lograr en un período de tiempo relativamente corto, el convencimiento de las masas de la realidad y necesidad de este modo de vida. Por ejemplo en Alemania esta idea puede verse resumida en la descripción de la Volksgemeinschaft o comunidad orgánica, basada en la superioridad de la raza aria, por la cual millones de alemanes decidieron adherir a los fundamentos del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Podemos decir entonces que el período que anticipa la Segunda Guerra Mundial, es el momento en el cual la propaganda se asienta como la última herramienta de  administración de la información. El surgimiento de la propaganda, durante este período, incorpora a los instrumentos primitivos de control de la información, como la censura, otro elemento que es necesario destacar. Habíamos dicho, en otros términos, que la propaganda inscribe en la realidad de las masas un nuevo modo de vida. Sin embargo saltamos la parte del referente de este ejercicio. Durante este período, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, la propaganda refleja este modo de vida desde el Estado. Es decir que el control de cómo interpretar a la sociedad de una Nación se encontraba bajo el dominio exclusivo y absoluto del Estado. 

La teoría de la aguja hipodérmica. 

Luego de finalizada la Primera Guerra Mundial, lejos de recuperar la tranquilidad en la población por volver a las rutinas cotidianas, se expande por todo Europa un escepticismo sobre las ideas de progreso y de razón. Por otra parte este conflicto deja secuelas en algunos países, como el proceso de la Revolución Rusa o la Guerra Civil española. El fantasma de un nuevo enfrentamiento mundial no desapareció, y el miedo a una invasión extranjera se encontraba presente, no sólo entre las personas, sino también entre sus líderes del gobierno. Este escenario, desde el punto de vista de la problemática comunicacional, sumado al surgimiento de nuevos dispositivos electrónicos de comunicación, como el cine y la radio, determinarían los primeros trabajos en la investigación en comunicación entre las décadas del ’20 y el ‘30. 

Ya en otros espacios vimos la teoría de aguja hipodérmica como una de las primeras elaboraciones teóricas con respecto al fenómeno de la comunicación. Esta teoría, como la conocemos hoy, nos proviene de los estudios de comunicación realizados en los Estados Unidos de Norteamérica. En los párrafos siguientes retomaremos el enunciado principal de la teoría de la aguja hipodérmica, para intentar redescubrir cual es problema que plantea dicha teoría, en los términos que hemos visto anteriormente en este espacio.

La teoría de la aguja hipodérmica, que es posible resumirla en el siguiente enunciado “cada miembro del público de masas es personal y directamente atacada por el mensaje.” (Wright, 1975, 79)[4], consistió en una de las primeras formulaciones científicas sobre el fenómeno de la comunicación[5]. Pero es necesario aclarar que por el momento histórico del cual emerge, el período de entre-guerras, es una caracterización general del fenómeno. Con esto queremos decir que todavía la comunicación, como objeto teórico, aparecía como difusa/o. El problema que intentaba esclarecer en su enunciado se encontraba determinado por los peligros de la proximidad de una segunda guerra mundial. Es decir, la comunicación en tanto fenómeno emergente, se mezcla con las necesidades de controlar los efectos de la propaganda en la población de un territorio nacional, en este caso los Estados Unidos de Norteamérica. El investigador Mauro Wolf sostiene que la teoría de la aguja hipodérmica se puede considerar como “una teoría de y sobre la propaganda”.[6]

Por lo tanto la comprensión del fenómeno se encontraba determinado por varios aspectos, en primer lugar el histórico-geográfico ya señalado. En segundo lugar los orígenes de las observaciones del fenómeno, los cuales son aportados desde varias disciplinas de distintos campos, desde la psicología hasta la pedagogía y la sociología. Finalmente, quizás el más importante, la descripción del fenómeno, que en un principio apuntaba a la “comunicación de masas”. Es decir la intención en los planteos iniciales del problema fue la “comunicación de masas” y no la “comunicación social” que es el fenómeno general en el cual reconocemos, a la vez, nuestro objeto teórico actual.

Ahora, saldadas las condiciones que hacen emerger a la teoría de  la aguja hipodérmica, podemos describir los problemas que plantea dicha teoría. Según el autor que seguimos en esta unidad, Mauro Wolf, en esta teoría operan dos elementos destacables. En primer lugar se asienta en una concepción de “sociedad de masas”. Por otro lado, el modelo de comunicación que se intenta describir se encuentra dominado por una teoría psicológica. Como se sabe, sobre estos dos aspectos, se elaboran las críticas más contundentes a esta teoría. Bajo la concepción de sociedad de masas que trabaja esta teoría, los individuos son problematizados de forma aislada, anónimos, separados y atomizados. Es decir, esta teoría no reconoce ninguna vinculación entre los sujetos de una sociedad, mas allá de la exposición a un mismo mensaje elaborado por los medios masivos. Por otra parte el modelo comunicativo descrito se encuentra influenciado por el conductismo en psicología, que es la disciplina madre de esta teoría. Esta escuela traslada el esquema de sus investigaciones, estímulo-respuesta, y lo convierte directamente en un esquema comunicacional. De esta manera el individuo aislado de la sociedad de masas acepta todos los términos del medio irradiado, y como respuesta respondería consecuentemente con las intenciones del emisor.

No es necesario abundar en las críticas y las limitaciones de la teoría de la aguja hipodérmica. Sin embargo es necesario destacar que, a pesar de éstas críticas y del tiempo en que se han redefinido estos supuestos, es posible leer en la actualidad trabajos ensayísticos, de investigación o periodísticos determinados por esta concepción de la comunicación social. La idea de que los medios mienten en el trabajo periodístico es un ejemplo de que las concepciones de esta teoría siguen operando, en nuestras ideas actuales. Debida cuenta que la mentira para ser tal debe ser admitida como algo verdadero, es necesario contar con alguien que crea esta mentira de forma íntegra, sin discutir con otras personas estas concepciones. Como se puede apreciar la modificación de los modelos comunicativos en nuestra sociedad es aún una tarea que el ejercicio de la comunicación debe tomar como una empresa aún pendiente.


Andrés Collado,  2006



[1] DE QUIROS, Felipe Torroba Bernardo, “La información y el periodismo”, Ed. EUDEBA, 1968.

[2] FERRARI, Germán, “La comunicación. Principio, fin y dilema de los medios masivos” Ed. Longsellers, Buenos Aires, 2001. pág. 18

[3] BARRERA, Carlos, “Al servicio del poder”, Dossier: “El siglo de la información. La conquista de la libertad.” En revista “La aventura de la historia”, número 18, Ed. Arlanza, Madrid, abril del 2000, Pág. 28-35

[4] WOLF, Mauro; “La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas.”, editorial Paidós Buenos Aires 1996. Pág. 22

[5] En honor a la constante re-elaboración histórica de las teorías, deberíamos aclarar que “empezar” por esta teoría es un supuesto de donde parten la mayoría de las referencias bibliográficas. Con esto queremos dejar abierta la posibilidad de que en otros trabajos se encuentren nuevos puntos de donde comenzar la problemática de las teorías de la comunicación social.

[6] WOLF, Mauro; Ibidem. Pág. 23

Comentarios

Lo más leído