Adolescencia, la frustración masculina está acá desde hace tiempo
A finales de los
años ´90, culminando el siglo XX, la globalización ocupaba los espacios de
debates políticos, y junto con el fin de las ideologías finalmente llegamos a
habitar “un solo mundo” gestionado por entes, convenios y acuerdos transnacionales.
Sin embargo, en el interior de las sociedades pasaban cosas. Las instituciones
que habían acompañado la fundamentación de naciones modernas, en muchos de sus
aspectos conservadoras y patriarcales, veían diluirse sus capacidades de
disciplinar, de educar a sus ciudadanos para ser varones o mujeres correctos,
útiles. En aquella época finisecular comenzaban por fin a permear en las
distintas capas de la sociedad, nuevos planteos promovidos por los cambios de
costumbres de finales de los años ´50. La sociedad de consumo junto a la
identidad de una juventud “rebelde”, lentamente comenzaban a diluir las firmes
normas que provenían de una organización basada en la familia hetero parental.
Las expresiones culturales como el rock, la moda, nuevas identidades juveniles
como expresiones legítimas daban muestra de una vida pública nueva. La
política, o estrellas de la música, la moda o el cine; documentan las
debilidades del atraso de las instituciones organizadoras de la moral, las
conductas y el trabajo (atención a este último). También redefinían
fuertemente, aunque no se entendía así, las representaciones públicas del
género, las chicas comenzaban a usar pantalones, y los chicos no se veían igual
a sus padres como obreros industriales; usaban el pelo largo, ropas holgadas
con estampados de flores. La idea de familia como espacio preferencial de la
sexualidad (reproductiva casi con exclusividad) era jaqueada frente a
expresiones como la de “amor libre” del movimiento Flower power. Todas estas manifestaciones
emergentes no fueron dominantes, no ganaron la batalla cultural de su momento.
Fueron expresiones críticas a una sociedad en la cual todavía se reconocían los
rasgos heredaros de los tiempos coloniales o feudales, basados en la autoridad
de los lazos de familia, la propiedad de la tierra y la herencia.
El final de siglo
XX llega con una mezcla de deconstrucción de las ideas fuerzas que movilizaron
los últimos 200 años, desde la Revolución Francesa para poner un punto de
referencia entre el capricho y la historia. Los estados nacionales perdían potencia
frente a la globalización, se abría una nueva etapa del comercio y del
capitalismo mismo, donde surgen como figuras centrales las corporaciones y las
altas tecnologías. Justo, justo en este punto, en 1999 antes de cambiar de
milenio y ante la amenaza del Y2K (nunca sucedido) algunas películas
tímidamente mostraban como la frustración masculina iba decantando en nuevas
identidades. Sólo dos como ejemplos.
Magnolia, un relato coral de historias que se cruzan, presenta uno de sus personajes encarnado por Tom Cruise, a T. J. Mackay. Un speaker dedicado a dar seminarios sobre como conquistar mujeres a un grupo de varones, desorientados y sin entender por qué el “sexo opuesto” no encuentra en ellos la seguridad de un proveedor (un pobre proveedor). T. J. Mackay es un showman, un personaje excéntrico, en apariencia seguro de sí mismo que aprovecha esta seguridad para sacar dinero a un grupo de hombres que no pueden conquistar a una mujer, o convencerla de quedarse a su lado. El personaje extrovertido, con un machismo casi inocente, centra su speach en el respeto de su “the cock” (siempre en gesto de señalar su entrepierna en un movimiento de manos que culmina en un golpe frontal de cadera). Trata a las mujeres como presas que tienen que reconocer el dominio del “the cock”. Obviamente la referencia al falo centrismo freudiano del personaje es parte del atractivo del mismo, en una excelente representación de Cruise. El personaje en esa época parecía una rareza artística de Paul Anderson (el director del film). Sin embargo, buceando en internet uno encuentra que T. J Mackay interpretado por Tom Cruise está inspirado en Ross Jeffries un escritor real que adquiere reconocimiento con la edición de libros de cómo seducir chicas. Pero lo más importante es (copiado directamente de Wikipedia) “Ross fue la primera persona en crear un negocio alrededor de los productos de la seducción e impartir seminarios. Se le considera el fundador de la comunidad de seducción”.
En los inicios de
los ´90, el machismo que promueve la comunidad de seducción, apunta a construir
una figura de la mujer como presa de un lobo cazador, el planteo se encuentra entre
la persuasión y la manipulación psicológica (se supone que usan herramientas
neurolingüísticas para llegar al objetivo de “conquistar” a una mujer). Este
punto no es anecdótico, es importante diferenciarlo de las expresiones que
atacan de forma directa y agresiva sobre todo al sexo femenino que defiende los
derechos a la decisión sobre sus cuerpos, vidas y conductas.
El club de la
pelea también estrenada en 1999, dirigida por David Fincher y basada en la
novela Pursuit of Happiness (1995) del escritor Chuck Palahniuk, es otro
ejemplo de cómo la masculinidad intenta restituir un sentido en un mundo que
está por destruirse. Resulta que el escritor de la novela, un trabajador
“independiente” toma inspiración para escribir la novela en relatos reales
sobre hombres que organizaban luchas clandestinas, cuerpo a cuerpo, mientras
trabajaba para una compañía de transportes de carga. Este film es otro clásico,
de un género que podríamos definir como trash-psi o bourning-psi, gente quemada
de la cabeza que adquieren conductas y costumbres insólitas, incluso criminales.
Este grupo de narrativas (algunos hoy dirían “lore”), trata de las muchas
formas que puede mostrarse el quiebre del equilibrio psicológico en personas expuestas
a un ambiente que roza la actualidad (guiño-guiño).
El personaje de
Brad Pitt, Tyler Durden, alter ego de un oficinista perseguido por el consumo de
catálogos impresos (¡¡¡qué antigüedad!!!), es un vendedor de jabones. Viaja en
aviones como un empresario y habita un domicilio ocupado como un marginal. Tyler
es un seductor natural, los personajes femeninos en el film se sienten atraídas
hacia él de manera casi nativa, obviamente detrás de la figura de Brad Pittt con
imagen de ganador, en un excelente estado físico y con una personalidad que
muestra una seguridad que disimula cualquier comportamiento absurdo o soez. Más
allá de las tres reglas de “El club”, que en definitiva es una y no la vamos a
repetir, Durden tiene una intervención frente a los miembros del club. Un
conjunto de hombres vario pinto físicamente, pero todos trabajadores,
frustrados, aburridos, encolerizados y reprimidos. Durden presenta un monólogo
que da las pistas de por qué llegan a ese lugar, no como un gurú separado del
resto sino como un varón iluminado, un tipo común que de alguna manera se le
reveló el motivo de esta condición que les pesa y necesitan canalizarla a
través de golpes de puño y lesiones de mediana gravedad sobre sus propios
cuerpos.
"Veo
mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en
gasolineras, sirviendo mesas, o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos
hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que
no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin
objetivos, no hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra
es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con
la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del
cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo
que hace que estemos muy enojados". Tyler Durden.
La frustración
masculina en el siglo XXI.
Algunos años
antes del COVID y de los aislamientos obligatorios el canal 4 de Inglaterra
llevó a la pantalla con actores reales (live action) en 2018 un comic con
relativo éxito, The end of the fu**ing world. Menos celebrado que la reciente
puesta en pantallas de plataformas Adolescencia, The end… es la historia
también de un varón algo desorientado de 17 años que cree ser un psicópata.
Para llevar adelante lo que intuye ser su destino, elije como una hipotética
víctima, a una compañera de su escuela que termina siendo la cabecilla del dúo
en una historia donde en el fondo se deslizan dos paternidades. La del padre de
James, el personaje masculino. Viven solos, el progenitor, un trabajador
promedio con ideas bastantes anticuadas haciendo lo que puede para mantener su
casa y su hijo adolescente al que no entiende. Hay cariño, y contención, en las
formas que había entendido esos sentimientos un trabajador promedio con muy
bajas posibilidades de comprender un mundo, el cual no es ni parecido a aquel
en el que él fue joven y rebelde.
En la otra
esquina, la del padre de Alyssa que durante el recorrido de las aventuras solo
lo conocemos por las referencias del personaje, afectuoso, comprensivo, al
parecer “más moderno”. Claro que el personaje femenino ha idealizado una figura
que en ausencia fue construido con expectativas personales. En The end… la
sexualidad adolescente es mostrada de manera particular. La pareja protagonista
tiene acercamientos, sin embargo, las dudas, las inseguridades y también la
falta de un contexto que les sea seguro no consuman. Sienten atracción, pero siguen
teniendo miedos frente al sexo, propio y del otro. El sexo en esta serie refleja
lo que algunas estadísticas afirman. En la página de ChartBin podemos ver que
en Inglaterra, como en otros países desarrollados, la iniciación sexual de los
jóvenes comienza cerca de los 18 años. En Latinoamérica se producen en edades
más bajas. En la narración de esta historia las redes sociales, internet y
demás artilugios tecnológicos no movilizan ninguna conducta, ninguna acción o
decisión, solo son dos chicos que intentan huir del aburrimiento, y de los
desequilibrios del mundo de los adultos.
Durante este 2025
y en pocas semanas como suele suceder con el éxito contemporáneo (tan inmediato
como fugaz) la serie Adolescencia conmovió no solo a los espectadores de las
plataformas, sino a todo el ecosistema de medios digitales y masivos. La
historia sigue a Jeremy, un chico de 13 años que, usando Instagram como puerta
de acceso a una identidad digital, se adentra en la manosfera o castellanizado como machósfera, “esfera de
machos”. Informado por este micro universo y víctima de burlas, decide matar a
una compañera, al parecer no era de su gusto, pero le atraía, y esto es una
clave de la identidad del personaje, su inseguridad, su indeterminación. Jeremy
es un adolescente que está entre arranques de ira infantil y percepciones de
adultos que no puede manejar frente a las preguntas de una psicóloga inmutable
a su comportamiento. Inmutable, pero no inmune. El capítulo de referencia, un
desafío actoral de Owen Cooper (¡¡¡debuta en este rol!!!!) y Erin Doherty en la
figura de la psicóloga, el personaje del adolescente pendula entre la inocencia
y vulnerabilidad hasta el enojo y la furia, sentimientos contradictorios de la
subjetividad de Jeremy. La empatía que nos genera el personaje es justo por
esta dinámica de su carácter, de mostrarse vulnerable aun conociendo que es el
autor de un asesinato.
Durante la
investigación de los hechos, en un capítulo donde la reflexión retrata la
institución escolar, los detectives se “enteran” de que los motivos de la
conducta de Jeremy provienen de internet, en los chats, Instagram y la
subcultura digital de la manosfera. Este ecosistema de contenidos digitales se
encuentra compuesto por múltiples subculturas: artistas del ligue (comunidad de
seducción), hombres víctimas de abuso, defensores de los derechos del padre, los
Hombres Que Siguen Su Propio Camino, activistas de los Derechos del Hombre.
Todo este contenido no promueve estrictamente misoginia, contiene una mixtura de
consejos sencillos a problemas más complejos con mensajes de autoayuda, de
superación personal, contenidos fitness y adopción de actitudes “ganadoras”
(comenzar el día con duchas frías a las 5 de la mañana con un desayuno “sano”),
asesoramiento financiero (ser autosuficiente sin depender de un empleador o un
trabajo) usando YouTube, Twitch, TikTok, Reddit o 4Chan. En una nota escrita
por Eva Wiseman en The
Guardian, de donde salen estos datos aporta que “Una de las comunidades más
exitosas de la manosfera es Red Pill (píldora roja) de Reddit. Tiene casi
53.000 suscriptores que creen que las mujeres están diseñadas únicamente para
el sexo y la preparación de sándwiches.”
De todas estas
representaciones de la masculinidad, los activistas de los derechos del hombre
tienen una historia unida al feminismo, en la década de los años ´70
coincidiendo con la segunda ola del movimiento. El estadounidense Warren
Farrell fue la voz destacada del Movimiento de Liberación de los Hombres, una
organización feminista masculina, y sostenía que el patriarcado perjudicaba
tanto a las mujeres como a los hombres. Estos dos movimientos dividieron sus
caminos luego de que los estudios feministas comenzaron a registrar los altos
números de la violencia masculina sobre las mujeres. En la década de los ´90
Farrel cruza de vereda, y comienza a publicar trabajos culpando a las mujeres
sobre la desigualdad salarial. Un tema aparte de este punto es la misandria o
misoandria, la aversión a los hombres o a todo lo que represente “lo masculino”,
que no aparece como contenido de la manosfera, o al menos como problema.
El capítulo final
de Adolescencia se concentra en el padre, Eddie Miller. Un año después del
hecho intenta celebrar su 50º cumpleaños con Jeremy, detenido y en espera del
juicio. Eddie es la cabeza de una familia tradicional, de cuatro miembros, una
rareza en los tiempos actuales. Las críticas a la serie, no muchas, apuntan al
padre, quien en la narración sostiene la línea argumental. Lo interesante de
las críticas es que coinciden en la figura, dos corrientes polarizadas; por un lado,
es un violento reprimido, promotor del éxito por medio de la superioridad
física (Eddie Miller a diferencia de su hijo va al gimnasio, se lo ve robusto,
mientras que Jeremy es desgarbado). Desde el otro carril apuntan a la
inverosímil que resulta la construcción del personaje, tan afectado
emocionalmente cuando un jefe de familia no se comportaría de esa forma. Publicada
en Wired una entrevista a Jack Thorne, uno de los autores de la serie (el otro
es el mismo Stephen Graham, quien toma el rol de Eddie Miller), respondía: "Me
atacaron porque pareciera que tengo 'demasiado estrógeno en mi sistema' o que
‘no parezco lo suficientemente hombre'". Pero asegura que no le molesta.
Todo lo contrario. Para Thorne “La masculinidad es un espectro, todo es un
espectro, y no necesitas ajustarte a un extremo. Hay otras formas de hacer las
cosas, y yo estoy muy preparado para esa conversación"
En lo que pocos reparan, es que Eddie es un trabajador, como
todos los varones de esta nota. Un obrero que destapa los baños de otras
personas, con toda la alusión a come mierda que significa esas pocas líneas. Cuando
logró mejorar su situación para ofrecer una mejor vida a “su” familia, terminó
trabajando todo el día, perdiendo el vínculo con su hijo. Eddie fue violentado
por su propio padre, y había prometido no repetir lo mismo con su hijo. Nos
enteramos de esto en el colofón de la serie. Hay muchas líneas de lectura y debate sobre
Adolescencia. Todas son interesantes, las redes sociales, la escuela, los
jóvenes y adolescentes, la familia, y otros. Pero me gustaría señalar al final
de esta nota, que en primer lugar use fuentes todas femeninas, ninguna de las
notas (excepto los datos estadísticos y de Wikipedia) tienen un autor varón. Y
finalmente que el susurro de fondo, en todo este recorrido se percibe la
frustración masculina, una frustración que sin duda es absorbida en términos
privados, personales, individuales, más allá que la suma de todo ese malestar
conforme una comunidad de manes. Y que esa frustración al parecer en el siglo
XXI, se la está apropiando los varones más jóvenes.
The Guardian, Eva
Wiseman, El miedo cotidiano a la violencia con el que toda mujer tiene que
lidiar
Redacción, BBC News Mundo. Qué son los incels, el oscuro movimiento que aparece en la aclamada serie "Adolescencia"
Unidad Global de la BBC, Jacqui WakefieldCómo surgió la siniestra machosfera de la que habla la serie "Adolescencia"
Elisa García
Mingo, Del aislamiento a la violencia: qué nos enseña la serie ‘Adolescencia’
sobre la manosfera y los ‘incels’
Manisha Krishnan, Wired. El creador de Adolescencia se sumergió en la manosfera y lo que encontró le aterró







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