Pedagogía del off y el desarrollo de una sociedad hipertecnológica
Durante el 2014 trabajamos con un equipo numeroso en una investigación sobre consumos culturales en jóvenes de la provincia. El relevamiento alcanzó más de 300 encuestas, con más de treinta preguntas; llegando a las principales sombras poblacionales de la provincia. Un experimento de alta calidad de gestión con recursos personales y resultados que aún en la actualidad “hablan” en tiempo presente. Esto, mientras el ruido publicitario dificulta la circulación de ideas que tienen tiempo madurando sin terreno fértil para germinar. Las próximas líneas que sean un reconocimiento a mis colegas y a los estudiantes de la carrera de comunicación de aquellos años del IES 9-015.
En ese tiempo la
discusión sobre educación, tecnología y sociedad, fórmula clásica de
seminario académico, transitaba por un escenario diferente. El plan Conectar
Igualdad creado en el 2010 tenía una trayectoria que casi alcanzaba una
generación escolar, un modelo señalado como 1 a 1 (un estudiante una
computadora), impulsado por entidades internacionales como el banco mundial. Los
smartphones comenzaban a desplazar a los celulares básicos con funciones
para llamadas y mensajes, mejorando sus capacidades en fotografías, sumando
aplicaciones y nuevas funcionalidades. Facebook, en el 2014 tenía 24 millones
de usuarios en Argentina, el 90% de la población conectada a internet tenía una
cuenta. WhatsApp, masificó su presencia en los dispositivos portátiles en 2012,
solo tres años después de su aparición y para el 2014, esta mega aplicación
pasó a manos del reconocido Mark Zuckerberg. Las escuelas
secundarias recibían una transformación tecnológica y cultural de forma
explosiva (literal y aún incomprendida), mientras otra parte del sistema
educativo se preocupaba por tener evaluaciones y datos, muchos datos sobre el
funcionamiento de casi todo. Aaaaa, y la grieta, sí, la grieta comenzaba a
aparecer insipientemente en algunos debates de la política.
El informe de la
investigación consta de varios apartados; uno de estos referido a la educación mostraba resultados inesperados, o al menos curiosos. Del mismo informe, “Los
aportes más significativos en este apartado provienen del interrogante sobre
qué medios debería usar el sistema educativo para concretar mejor su objetivo…
Si bien en su mayoría (62%) no respondieron qué medios debería usar la escuela
para cumplir con su objetivo, aquellos/as que respondieron, en su primera
opción nombraron a las Bibliotecas y en segundo lugar Internet. Siguiendo la
lectura de la tabla podemos ver que además de estos medios se suman otros que
en el resto del trabajo se encontraban ausentes, como museos o teatro…Considerando
la suma de todas las menciones los resultados de la tabla se modifican
levemente, Internet es mencionado por el 50% de los/las encuestados/as y
Biblioteca es mencionado por el 47%. Más allá de esta ligera modificación en el
orden, sorprende que entre los/las encuestados/as la relevancia de medios
asociados a la representación simbólica de generaciones anteriores, o de
tecnologías con mayor tradición”.
Sin lugar a dudas la tentación del volumen de quienes no respondieron la consigna abre muchas especulaciones, sin embargo, el interés del interrogante está en las propuestas. El sistema educativo en este nuevo contexto cultural presta poca atención a las tecnologías tradicionales, presentes en el imaginario de los y las estudiantes. Aquellas que están del lado del off de las altas tecnologías. Por otro lado, la amplia dispersión de medios que citaron quienes respondieron la encuesta alcanza más de una docena, donde las altas tecnologías conocidas fueron las de menor presencia.
De las tecnologías, la escritura a mano.
La investigación tiene casi una década, y mucho del
escenario contextual de esas respuestas cambió, pero no lo suficiente como para
descartar una reflexión profunda cuando hablamos de tecnología, conocimiento y sociedad.
Al igual que le pasó al mundo que conoció la imprenta no dejó de escribir
manuscritos, esta sociedad no puede desconocer las tecnologías que se
desplegaron en el siglo XX, y las anteriores, con la incorporación de las altas
tecnologías y las actuales inteligencias artificiales. Al menos, no sería
inteligente.
Uno de los puntos que podemos sintetizar de las ideas que
plantean esos trabajos es sobre algunas características que tiene la escritura
a mano. Un niño, adolescente, un joven incluso adulto tiene que resolver al
menos cuatro dificultades cada vez que se enfrenta a exponer una idea frente a
un lápiz y un papel; la composición, ortografía, caligrafía, y automaticidad de
la escritura (capacidad inconsciente de escribir a mano sin esfuerzo). Viéndolo
así podemos rápidamente comprender que semejante ejercicio requiere de
capacidades que somos capaces de resolver simultáneamente y que la escritura en
dispositivos electrónicos degrada. Es algo que suma a la formación personal, que se diluye poco a poco si no le prestamos atención.
En aquellos años del 2014 la preocupación, igual que ahora,
era/es cómo va hacer la escuela para enfrentar los desafíos del futuro. El
sistema educativo golpeado por la crisis de una revolución tecnológica en proceso,
una crisis que se suma a las que viene afrontando hace décadas. Desde aquel
entonces algunos/as, pocos, colegas comenzamos a mencionar la necesidad de pensar
los desafíos de esta educación con una pedagogía que incluyera la posibilidad de
ver el mapa completo de tecnologías, pensamos que había que proponer una pedagogía
del off, para enfrentar con eficacia los dilemas del presente. De incorporar al debate, qué sucede con el aprendizaje cuando apagamos el ruido de los gadgets.






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