Bad Bunny, o la crítica también viste de Zara.
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| Influencers señalaron que el cantante cambió su marca de ropa de Prada a Zara para presentarse en el Superbowl. |
Pero, pero,
pero…en 1997, en plena época de globalización Titanic se alzaba como La
película de la década. 14 nominaciones al Oscar, efectos especiales que
ahogaban al espectador en las butacas de las salas, Leonardo Di Caprio con cara
de nene, Kate Winslet; y un chorro de cosas más. Titanic, hasta hoy, sigue
siendo una referencia de calidad cinematográfica y del espectáculo. En 1997 no
existía “una batalla cultural”. Francis Fukuyama, gurú de la época, sostenía
que las ideologías habían muerto (para siempre) y el cine en ese escenario sólo
entretenía. En tu cara Francis, diría una publicidad. Incluso en aquella época
donde aparentemente se festejaban nuevos tiempos, el film de James Cameron
mostraba las contradicciones de una sociedad excesivamente entusiasta,
celebratoria de sus prodigios técnicos y condenada a vivir un cambio que no vio
venir. Por decirlo en términos contemporáneos, se comieron la curva. Si estas
líneas les parecen actuales o premonitorias, simple coincidencia.
A nadie se le
escapa que el film está lleno de referencias a la división de clases; las
jerarquías y los privilegios, como también a la solidaridad de los sectores más
bajos, esperanzas y alegrías por llegar a un nuevo mundo. Recordemos que la
cinta está basada en hechos reales y que el barco recorría la ruta marítima
desde Inglaterra hasta los Estados Unidos de Norteamérica, en el lejano 1912,
comienzos del siglo XX. Ahora bien, en la historia aparece una figura que
respeta los rasgos gruesos de la sociedad de clases de la era industrial, sin
embargo, en muchas ocasiones se pasa por alto. Existen varias denominaciones, “arribista”,
“advenedizo”, en francés el “parvenu”, también puede confundirse con el
“trepador”. En la historia de Cameron aparece magistralmente representada por Kate
Bates; una arribista, una advenediza. El o la arribista, no aparece formalmente
en los textos sociológicos porque no es un agente del sistema de producción, de
fondo es una función de la vida pública de la sociedad moderna.
El término tiene
un origen despectivo. Apunta a quienes lograban cierta posición económica en la
naciente sociedad burguesa europea, y con esto reconocimiento público. Del otro
lado, la vieja aristocracia residual de la sociedad feudal alegando sus
derechos de sangre y territorio. De aquí el nombre de arribistas o advenedizos,
de quienes llegaron a una posición de privilegios sin refrendar los “antiguos
derechos” que le daban legitimidad frente a la sociedad. En el galardonado film
este proceso es retratado con mucha inteligencia en la cena donde los personajes
protagónicos y sus opuestos se encuentran. La mesa misma es el campo de batalla
cultural. Kathy Bates representa a un
personaje real, Margareth “Molly” Brown, una mujer norteamericana quien en sus
orígenes había sido extremadamente pobre, y por un golpe de suerte (más o
menos) su ex esposo logra amasar una fortuna en la minería del oro. Molly, es
quien invita a la mesa a Jack, justamente mostrando la fortaleza de su nuevo
estatus social frente al resto de los invitados provenientes de familias nobiliarias.
Molly es una arribista, y con inteligencia sabe que el juego se trata de
ganarse un lugar propio frente a la aristocracia. Por eso invita a la mesa a un
retratista, un artista nuevo, Jack, el personaje de Leonardo di Caprio. Este
pertenece estructuralmente a los sectores bajos de la sociedad, pero suma
fuerzas a los nuevos ricos, la arribista Molly, en una disputa simbólica.
De este lado del
mundo, donde los privilegios de las aristocracias no lograron anclar sus
valores, la figura del arribista suma un sentido diferente. Para nuestros ojos,
e ideas, el o la arribista es quien logra superar los obstáculos de origen y
logra una posición social de mayor holgura. En muchas ocasiones no se quedaba
sólo en eso. Como Molly, “estiraban las manos” y ayudaban a los que estaban más
abajo a subir en la escalera social.
A modo de Side-story.
El recorrido en la “meca” del cine tiene muchos ejemplos protagonizados en su
mayoría por sus vecinos mexicanos. En 1952, Anthony Quinn gana el primer Oscar
para un actor nacido en México por ¡Viva Zapata!, y acá comienza el recorrido
de reconocimiento. En 1962, Rita Moreno
hace historia con el Oscar a Mejor actriz de reparto, en el film West Side
Story, (una versión de Romeo y Julieta, recreando la disputa urbana entre la
cultura norteamericana y puertorriqueña). En los ´70, el refinado anfitrión de
La isla de la fantasía, Ricardo Montalbán organizó una institución formal, Nosotros
para mejorar la imagen de los latinos en el cine, agregando un esfuerzo más
comprometido por "hacer llegar a más" compañeros de forma digna. Durante esta época el personaje latino deja de ser el que "mira desde afuera" para
convertirse en el protagonista de su propio sueño americano. La estrategia de
solidaridad se refina con la creación de NALIP (Asociación Nacional de
Productores Latinos Independientes) en 1999. En el siglo XXI, 2013 y 2019 son
los años donde la racha de directores mexicanos ("Los Tres Amigos":
Cuarón, Iñárritu, Del Toro) ganan la famosa premiación a Mejor director rompiendo
el techo de cristal del centro de la industria del cine occidental. Figuras
contemporáneas como John Leguizamo, Salma Hayek y Eva Longoria han pasado de
actuar a producir y dirigir, utilizando su posición para "hacer llegar a
más latinos" a las pantallas internacionales. Españoles como Antonio Banderas, Penélope Cruz, Javier
Barden; argentinos precursores como Fernado Lama (actor, dirigió algunos
capítulos de Starsky & Hutch) Juan José Campanella, Andy y Bárbara
Muschietti (directores de It, y The Flash), ni hablar de los puertorriqueños
como Benicio del Toro. Estos últimos, junto a demás países del caribe
destacados en la música dentro de las fronteras yanquis.
Y llegamos al Super Bowl del 2026. Un partido de fútbol norteamericano donde en el intermedio, desde hace unas décadas, se promociona como un espectáculo aparte. De forma extraña, no tiene tarifas diferenciadoras. El show de medio tiempo de este evento deportivo tiene su propia historia. Pero dada la reivindicación inmigratoria latinoamericana de esta última presentación, vale decir que la primera artista de origen caribeño fue Gloria Estefan en 1992, repite en 1995 con Miami Sound Machine y también en 1999 entre otros artistas pop. Enrique Iglesias en el 2000, y en el 2020, el “conejo malo” compartió el escenario con Shakira y Jennifer López, J. Balvin y Emme Muñiz. La relación de este espectáculo con el mundo latino tiene un frondoso grupo de representantes. Este año le tocó a Benito Antonio Martínez Ocasio, así presentado en el famoso espectáculo. El cantante puertorriqueño más conocido como Bad Bunny, estampó su sello en el medio de las nuevas políticas inmigratorias que lleva adelante la gestión de Donald Trump. Con este fondo, la puesta en escena de Bad Bunny parecía subversiva, sin tener las pretensiones de serlo. Una expresión de las nuevas políticas performativas o declamatorias, promovidas por un nuevo grupo de nuevo ricos (neo arribistas) para mostrar el glam que puede contener la crítica, o que la crítica también puede mostrarse vestida de Zara.






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