Váyanse todos a la con$$@ de su madre (Sr. Cobranza)
| Varones observando la obra de Gustav Courbet, El origen del mundo 1866 |
Todavía durante el torneo, creció un debate surgido desde programas deportivos y youtubers sobre un clásico mundialista entre México y Argentina. Cierto o no la realidad del contenido, lo que si sucedía con esta idea es que la afición de ambos alimentó el ecosistema de plataformas exponencialmente. Siguiendo los contenidos del fandom (comunidad o grupo de seguidores apasionados) el periodista Eduardo Feiman en su programa transmitido por una señal especializada en noticias, sostuvo que “detesta a los mexicanos”, justificando el favoritismo con el equipo de Inglaterra en el match que por entonces se iba a disputar. Algunos doritos después el mismo periodista salió a disculparse sobre sus dichos, diciendo que era una opinión futbolística.
La reacción nacional tiene la
misma racionalidad emocional que los “ataques”. Una de las líneas sostiene que
la selección argentina salió a jugar presionada para perder. Voy a evitar los
argumentos que sostiene que hubo o hay una conspiración contra la selección
nacional dado el resultado del partido. Acá habrá lugar para argumentos sólidos
que entiendan sobre las condiciones de un torneo, las diferencias que había
entre los equipos y demás elementos que incluyen el análisis de esta disciplina
deportiva. La otra línea unificó a todo el espectro de opinólogos nacionales.
Anticipamos la intervención de Eduardo Feiman, en un pique y frenazo contra los
mexicanos. Hace unos días se sumó Jonatan Viale en la editorial de su programa
¿La ves?, repasando siete intervenciones que recorrieron las redes y los medios
sobre el tópico contra la Argentina. Pero esto no se queda así. Malena Pichot,
némesis de Eduardo Feiman, en su programa de radio y con su particular estilo aseguró
que está muy "pasada de argentinidad" y afirmó "yo no salgo más
de este país". Esperando su turno Pedro Rosenblat, frente a las
declaraciones de racismo en argentina, dio una clase sobre las políticas
colonizadoras de los países que aún mantienen territorios bajo este régimen o
ejercen políticas coloniales. Y sigue la lista.
No quisiera cerrar este recorrido
documental sin adelantar una idea que todos los actores nombrados pasaron por
alto. En las mismas redes, sobre todo en Tik Tok (de donde pude documentar lo
que sigue), un grupo de productores y productoras de contenido, habían
advertido que observaban un curioso fenómeno de argentinofobia, de un
sentimiento anti-argentino en las redes. Antes de comenzar el mundial de fútbol
hubo indicios que el desarrollo del torneo abriría un capítulo más allá del fútbol.
Rage bait, sembrando la bronca.
El diccionario de Oxford
anualmente elige la palabra del año, eligió a rage bait como el término
del pasado 2025. Traducido: cebo de ira. “Se define como contenido en línea
diseñado deliberadamente para suscitar enojo o indignación, frustrante, provocador
u ofensivo, generalmente publicado con el fin de aumentar el tráfico o la
interacción con una página web o contenido de redes sociales en particular”. En
la página del diccionario le antecede una imagen que suma a la definición las
intenciones detrás del ejercicio, un anzuelo doble para atrapar grandes presas
acuáticas. Avívate pescao.
El origen del término data del 2002.
Inicialmente se usó en una publicación digital en USENET (una red digital
similar a www, pero paga) y define una práctica conocida entre los automovilistas.
El término servía “para describir un tipo particular de reacción de un
conductor ante las señales de otro que le pedía adelantarlo, introduciendo así
la idea de agitación deliberada”. El término prontamente fue utilizado en
internet por otros usuarios para reconocer tuits virales que critican otras
publicaciones, o redes enteras, plataformas o creadores. En la época de las
redes sociales, de la posverdad y demás, el término mutó de la descripción de
una acción a una práctica deliberada.
El funcionamiento de esta
práctica tiene cuatro momentos, comenzando por la Provocación. Creadores de
contenidos y programas específicos en medios tradicionales publican materiales con
títulos, memes, stickers o videos polémicos, provocadores o críticos destinados
a alguien o un grupo. Le sigue la Reacción viral, en este punto los/las
usuarios/as comparten este contenido, impulsivamente, motivados/as por la
provocación. El punto sensible es la Atención de referentes. Una vez que el
contenido viraliza el espacio de las redes, el contenido se generaliza a través
de la atención de referentes sociales (políticos, artistas, deportistas,
periodistas, intelectuales, etc.). En este punto el fenómeno de redes salta a
un espacio más grande de la opinión pública y la provocación se convierte en un
contenido con una identidad social más general. El último paso es la
Monetización, objetivo inicial del contenido. El flujo iniciado en la
Provocación amplía el tráfico de ese contenido, indicando al algoritmo la
creciente interacción. De esta manera, quienes comenzaron el proceso, logran
mayores ingresos junto a las mismas plataformas, que a la vez aumentan la retención
de los usuarios y la estimulación al reposteo creando un bucle tóxico.
Al final de cuentas se trata de
hacer dinero con una de las versiones de la denominada “economía de la
atención”.
El negocio de hacernos detonar
Las consecuencias de este despliegue abre temas complejos en las personas y en la sociedad. El sentimiento de frustración y enojo degrada el andamiaje cultural compartido que tenemos como sociedad. El respeto hacia el otro, la comprensión de la diferencia, la curiosidad que mueve a la amabilidad, la solidaridad y la empatía dejan de estar presentes en la comunidad. Estos sentimientos aprendidos a fuerza de la superación de conflictos, adquiridos en experiencias también agradables y productivas, son reemplazados por una identidad pobre, simple y tóxica. Nos devuelve a una etapa infantil o primitiva donde sólo tiene sentido la satisfacción personal, el hedonismo y la autoafirmación. Somos mejores que el resto y nos deben respeto.El residuo del ragebait en el
caso de la “argentinofobia” tiene frases célebres. La más popular es
rápidamente reconocida; “al final nos tienen envidia”. Esta idea no es nueva,
desconozco hasta dónde puede rastrearse, pero puedo decir que recrea una mirada
estereotipada, simplificada y homogénea de ser argentino.
Con intenciones más formativas, voces
más ideologizadas despliegan argumentos que suenan a una sobreactuación sobre
los problemas geopolíticos. No es que no existan, claro. Da la sensación que
estos fundamentos se encuentran más dentro del campo de la política
performativa que del interés de comprender el fenómeno. Porque en definitiva lo
que intentan es aleccionar, corregir y mostrar que desde el otro lado se
desconoce, no se entiende y les falta conocimiento. O también, exorcizar los
pecados propios que no podemos resolver, una proyección de lo que no deberíamos
ser.
Y como ejemplo de lo complejo del tema, vale recordar que en el escenario global la crítica más intensa a las políticas coloniales en países de Africa por Francia (por ejemplo) proviene de la primera ministra italiana Giorgia Meloni, una de las intelectuales de derecha más reconocida de Europa. El problema del ragebait sobre Argentina (disclaimer, también hubo casos en España respecto a las identidades nacionales y la dificultad de que la bandera española representa a todos/as en el país de la península ibérica) es que no solo promueve los sentimientos de indignación, frustración y enojo, sino que abre el camino a la recreación de una identidad nacional, étnica, social débil culturalmente y tóxica.
Andrés Collado, julio de 2026

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