Váyanse todos a la con$$@ de su madre (Sr. Cobranza)

Varones observando la obra de Gustav Courbet,
El origen del mundo 1866


Hierven las editoriales con las críticas que se le achacan a la selección argentina de fútbol después del mundial y por extensión (recordad esto) al país mismo. En los días que le siguieron a la final entre los seleccionados de España y Argentina, un poco antes también, referentes (solo algunos) de los medios tradicionales, figuras del espectáculo, influencers, una fauna mediática que con la facilidad de algunos slides acusaron a nuestro país de racista, acomodados, ventajeros, incluso con mensajes de deslegitimación sobre el justo reclamo que mantiene nuestro país sobre las islas Malvinas (son Argentinas).

Todavía durante el torneo, creció un debate surgido desde programas deportivos y youtubers sobre un clásico mundialista entre México y Argentina. Cierto o no la realidad del contenido, lo que si sucedía con esta idea es que la afición de ambos alimentó el ecosistema de plataformas exponencialmente. Siguiendo los contenidos del fandom (comunidad o grupo de seguidores apasionados) el periodista Eduardo Feiman en su programa transmitido por una señal especializada en noticias, sostuvo que “detesta a los mexicanos”, justificando el favoritismo con el equipo de Inglaterra en el match que por entonces se iba a disputar. Algunos doritos después el mismo periodista salió a disculparse sobre sus dichos, diciendo que era una opinión futbolística.

Con la inflación del interés en el torneo, llegando a la final, el clima además de caldearse generalizó visiones sobre los combinados y sus países. El actor negro comprometido con el combate en contra del racismo Samuel L Jackson, posteó en la red social X, una imagen donde el personaje que representó en Django desencadenado usaba la camiseta de nuestro equipo. La alusión era clara, siendo sometidos, elegimos el lugar del amo para representar nuestro papel. El mensaje del posteo no dejaba dudas, la frase que antecedía el montaje rezaba: Argentina históricamente es uno de los países más racistas del mundo... ¿Fin? Pues no, le siguió una elegante insinuación a la noción de “ventajeros” de la cantante Rosalía, en Instagram, seguido también de un arrepentimiento con más cara de urgencia que de vergüenza. De las redes saltó a lo institucional. Una congresista de los EEUU agarrada al palillo de conocimiento que tenía el posteo de Samuel Jackson, aludió a reconsiderar las visiones sobre Argentina frente a una comisión sobre el enfoque histórico del instituto Smithsoniano. La lista sigue, en personajes y diferentes localidades, redes y programas de televisión, algunos arrepentidos otros desentendidos; ahora sí, todos mareados dentro de la soberanía de los medios masivos y las redes sociales (subrayar esto)

La reacción nacional tiene la misma racionalidad emocional que los “ataques”. Una de las líneas sostiene que la selección argentina salió a jugar presionada para perder. Voy a evitar los argumentos que sostiene que hubo o hay una conspiración contra la selección nacional dado el resultado del partido. Acá habrá lugar para argumentos sólidos que entiendan sobre las condiciones de un torneo, las diferencias que había entre los equipos y demás elementos que incluyen el análisis de esta disciplina deportiva. La otra línea unificó a todo el espectro de opinólogos nacionales. Anticipamos la intervención de Eduardo Feiman, en un pique y frenazo contra los mexicanos. Hace unos días se sumó Jonatan Viale en la editorial de su programa ¿La ves?, repasando siete intervenciones que recorrieron las redes y los medios sobre el tópico contra la Argentina. Pero esto no se queda así. Malena Pichot, némesis de Eduardo Feiman, en su programa de radio y con su particular estilo aseguró que está muy "pasada de argentinidad" y afirmó "yo no salgo más de este país". Esperando su turno Pedro Rosenblat, frente a las declaraciones de racismo en argentina, dio una clase sobre las políticas colonizadoras de los países que aún mantienen territorios bajo este régimen o ejercen políticas coloniales. Y sigue la lista.

No quisiera cerrar este recorrido documental sin adelantar una idea que todos los actores nombrados pasaron por alto. En las mismas redes, sobre todo en Tik Tok (de donde pude documentar lo que sigue), un grupo de productores y productoras de contenido, habían advertido que observaban un curioso fenómeno de argentinofobia, de un sentimiento anti-argentino en las redes. Antes de comenzar el mundial de fútbol hubo indicios que el desarrollo del torneo abriría un capítulo más allá del fútbol.

Rage bait, sembrando la bronca.

El diccionario de Oxford anualmente elige la palabra del año, eligió a rage bait como el término del pasado 2025. Traducido: cebo de ira. “Se define como contenido en línea diseñado deliberadamente para suscitar enojo o indignación, frustrante, provocador u ofensivo, generalmente publicado con el fin de aumentar el tráfico o la interacción con una página web o contenido de redes sociales en particular”. En la página del diccionario le antecede una imagen que suma a la definición las intenciones detrás del ejercicio, un anzuelo doble para atrapar grandes presas acuáticas. Avívate pescao.

El origen del término data del 2002. Inicialmente se usó en una publicación digital en USENET (una red digital similar a www, pero paga) y define una práctica conocida entre los automovilistas. El término servía “para describir un tipo particular de reacción de un conductor ante las señales de otro que le pedía adelantarlo, introduciendo así la idea de agitación deliberada”. El término prontamente fue utilizado en internet por otros usuarios para reconocer tuits virales que critican otras publicaciones, o redes enteras, plataformas o creadores. En la época de las redes sociales, de la posverdad y demás, el término mutó de la descripción de una acción a una práctica deliberada.

El funcionamiento de esta práctica tiene cuatro momentos, comenzando por la Provocación. Creadores de contenidos y programas específicos en medios tradicionales publican materiales con títulos, memes, stickers o videos polémicos, provocadores o críticos destinados a alguien o un grupo. Le sigue la Reacción viral, en este punto los/las usuarios/as comparten este contenido, impulsivamente, motivados/as por la provocación. El punto sensible es la Atención de referentes. Una vez que el contenido viraliza el espacio de las redes, el contenido se generaliza a través de la atención de referentes sociales (políticos, artistas, deportistas, periodistas, intelectuales, etc.). En este punto el fenómeno de redes salta a un espacio más grande de la opinión pública y la provocación se convierte en un contenido con una identidad social más general. El último paso es la Monetización, objetivo inicial del contenido. El flujo iniciado en la Provocación amplía el tráfico de ese contenido, indicando al algoritmo la creciente interacción. De esta manera, quienes comenzaron el proceso, logran mayores ingresos junto a las mismas plataformas, que a la vez aumentan la retención de los usuarios y la estimulación al reposteo creando un bucle tóxico.

Al final de cuentas se trata de hacer dinero con una de las versiones de la denominada “economía de la atención”.

El negocio de hacernos detonar

Las consecuencias de este despliegue abre temas complejos en las personas y en la sociedad. El sentimiento de frustración y enojo degrada el andamiaje cultural compartido que tenemos como sociedad. El respeto hacia el otro, la comprensión de la diferencia, la curiosidad que mueve a la amabilidad, la solidaridad y la empatía dejan de estar presentes en la comunidad. Estos sentimientos aprendidos a fuerza de la superación de conflictos, adquiridos en experiencias también agradables y productivas, son reemplazados por una identidad pobre, simple y tóxica. Nos devuelve a una etapa infantil o primitiva donde sólo tiene sentido la satisfacción personal, el hedonismo y la autoafirmación. Somos mejores que el resto y nos deben respeto. 

El residuo del ragebait en el caso de la “argentinofobia” tiene frases célebres. La más popular es rápidamente reconocida; “al final nos tienen envidia”. Esta idea no es nueva, desconozco hasta dónde puede rastrearse, pero puedo decir que recrea una mirada estereotipada, simplificada y homogénea de ser argentino.

Con intenciones más formativas, voces más ideologizadas despliegan argumentos que suenan a una sobreactuación sobre los problemas geopolíticos. No es que no existan, claro. Da la sensación que estos fundamentos se encuentran más dentro del campo de la política performativa que del interés de comprender el fenómeno. Porque en definitiva lo que intentan es aleccionar, corregir y mostrar que desde el otro lado se desconoce, no se entiende y les falta conocimiento. O también, exorcizar los pecados propios que no podemos resolver, una proyección de lo que no deberíamos ser.

Y como ejemplo de lo complejo del tema, vale recordar que en el escenario global la crítica más intensa a las políticas coloniales en países de Africa por Francia (por ejemplo) proviene de la primera ministra italiana Giorgia Meloni, una de las intelectuales de derecha más reconocida de Europa. El problema del ragebait sobre Argentina (disclaimer, también hubo casos en España respecto a las identidades nacionales y la dificultad de que la bandera española representa a todos/as en el país de la península ibérica) es que no solo promueve los sentimientos de indignación, frustración y enojo, sino que abre el camino a la recreación de una identidad nacional, étnica, social débil culturalmente y tóxica. 

No existe “un mundo” que está criticando a nuestro país. Tampoco existe la envidia a la invención de la birome, del colectivo, del dulce de leche, o a el obelisco, el tango o lo que sea que sintetice pobremente la identidad nacional. Lo que si sucedió es que algunos referentes de distintos ámbitos cabalgaron sobre las intenciones de un contenido que quería sacar ganancias y aprovechar un espectáculo excepcionalmente masivo. Pero no podemos conformarnos solo con esto porque las emociones que moviliza esta práctica siguen presentes, y como sucede en la actuación, la representación de un personaje a veces no abandona a quien lo representa. Así el horror guarda el potencial de saltar desde las tablas (o las pantallas) al público.

Andrés Collado, julio de 2026


 

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