La prensa de la nueva derecha occidental
En el triple crimen de las adolescentes el hecho mismo fue
transmitido on line por redes a un grupo cerrado de la comunidad
criminal, una especie de video snuff con intenciones de aleccionar a “la
banda” y demostrar que la jerarquía se reserva la exclusividad de cualquier acción.
Por su parte, Laurta; quien se presenta como empresario de medios digitales,
era la cabeza de una web con el nombre de Varones Unidos. Capítulo aparte son
las empresas vinculadas y su mismo curriculum, donde aparece como “cabeza
organizativa, comercial y estratégica de la empresa” Vcontenidos… en soledad, al menos así
se deja ver en la página citada. Raro.
Volviendo a Varones Unidos, la página fue denunciada por sus contenidos antifeministas, “dedicados a cuestionar las llamadas <denuncias falsas> por violencia de género”; y en la actualidad, el link de la misma no lleva a ningún lado. Los que accedimos a su página antes de que fuera levantada pudimos ver algo más que un documento de propaganda antifeminista. Era todo un dispositivo narrativo que describe cómo se argumenta la subcultura de varones de la nueva derecha occidental. Para generar polémica, fallan “las buenas intenciones” en levantar esa página. Es un contenido político, ideológico y con intenciones de propagandizar ideas que en apariencia va ganando espacios y rincones. Incluso podría haberse aprovechado para demandar las correcciones de fake news que contenía la pestaña “casos”, pero ya no está.
No resulta novedoso la referencia al imperio romano, a la
fuerza, lealtad o coraje aludiendo a una comunidad ordenada por su formación
militar como fue la sociedad espartana del mundo helénico. El punto es que
estas referencias no parecen salir de una intelectualidad renacentista con
argumentos históricos. Surgen de un estrecho repertorio del maestrean de
la cultura de masas, (eludo la referencia al pop, porque este sí tiene
argumentos más hondos). No es difícil reconocerlos entre algunos referentes
periodísticos que cada tanto intentan desplegar un discurso con una aparente
sobredosis de testosterona jurando lealtad a alguna medida que tiene la misma
claridad que los símbolos que evocan. Quizás me equivoque. Parecieran remitir a
momentos de Gladiador (2000) y no tanto a Espartaco (1960); más a
300 de Frank Miller y filmada en 2007, que a ¿Quo Vadis? (1951), o la polémica
Calígula (1979). No resulta molesto el origen de las referencias sino la breve
curatoría que uno puede identificar gracias a la prominencia del órgano
respiratorio.
Sobre la frase en latín las alusiones son más profundas. Siguiendo las traducciones on line, literalmente se puede transcribir en castellano como “tu reino”. Decepciona un poco. Pero explorando algo más la frase es reconocida -entre otros usos- a una línea de la oración del Padre nuestro, Adveniat regnum tuum, traducido al castellano como “venga a nosotros tu Reino”. Estas referencias son reconocibles en el discurso del presidente, pero más claramente entre sus exégetas: megalomanía, deseo (homoerótico) por la lealtad de una sociedad militarizada, y mesianismo religioso.
Como dispositivo la página tenía un funcionamiento bien pensado. Seis secciones con tan solo 3 notas por sección, saltaba de repente desde lo más nimio a lo profundo, a partir de la segunda sección. En Estilo de vida, la sección de obertura, podía encontrar consejos de como cambiar el aceite al auto (con datos tan generales que a uno lo hacía suponer que era mejor seguir el consejo de la última oración: ante la duda llévelo al mecánico) O la nota que lleva como título: 7 consejos de cómo conocer chicas por Instagram. La siguiente sección bajo el discreto título de Familia y relaciones, se exponían recursos e interpretaciones legales vinculadas a las situaciones generadas por una separación, desde la perspectiva del varón. La sección siguiente, Masculinidad, comenzaba con notas de fundamento ideológico, como el artículo: Dos mecanismos a través de los cuales el neomarxismo promueve la decadencia de occidente. Libertad de expresión, Feminismo y misandria; anticipan el centro de la publicación, Ideología de género. Esta sección aparecía la recomendación de la lectura de los libros de Agustín Laje, uno de los “faros” de todo el nuevo movimiento de derecha; dónde comprarlos, y una sinopsis para acortar la interpretación. Escondida en las pestañas superiores entre otros materiales se encontraba el sugestivo título de “casos”. Precisamente en esta sección en medio de varios otros hechos aparecía la versión de Laurta sobre los movimientos judiciales respecto a su divorcio.
Los muchachos de antes no usaban gomina
Las publicaciones exclusivamente para el segmento masculino
no son nuevas. El recorrido es largo y no menos estereotipado que la imagen de
la cultura de masas sobre las chicas. El antecedente rastreable más antiguo es Esquire,
aún en circulación desde su primera edición en 1933. Con contenidos de cultura,
tecnología y política, este magazine introdujo autores del denominado “nuevo
periodismo” como Truman Capote o Tom Wolfe, referentes de la literatura de no
ficción. Emergente durante la denominada Gran depresión, exponía la visión de
un varón sofisticado y de gustos exclusivos mientras vivía la gran crisis
financiera de la década de los años ´30 del siglo XX. Sin embargo, quizás la
publicación más polémica puede haber sido Playboy,
en circulación desde 1953. Revista con la declarada idea de promover un estilo
de vida, un documento de las posibilidades que prometía la sociedad de consumo
que se consolidaba lentamente en la sociedad norteamericana. Este “estilo de
vida” lo protagonizaba un modelo de varón heterosexual (preferentemente blanco),
soltero y rodeado de mujeres; las cuales siempre estarían aparentemente a su
disposición; y ellas, siempre “atentas”. Así el “playboy” de la sociedad de
consumo desplaza al “dandy” personaje del siglo XIX, referente masculino de la
función estética que alcanzó la vida pública urbana.
La identidad promovida por estas publicaciones agitó aspiraciones
difícilmente alcanzables (para evitar decir imposible) para la clase
trabajadora. Esta había logrado conseguir casa, vehículo y vacaciones pagas (y
otras ventajas de la antigua sociedad de bienestar) como la cúspide del consumo
de su sector a mediados de siglo XX. Los descendientes de esta generación encontrarían
un techo en su modo de vida, incluso protagonizarían una caída promovida por una
nueva etapa de consumo que privatizaría las experiencias personales. Pero esto
es otro tema. Volviendo a las ediciones masculinas, también funcionaron como dispositivo
para la objetivación del deseo en representaciones hedonistas, patriarcales,
incluso incorporando una parafilia tecnológica (el auto y la relación con la
genitalidad al menos en Argentina es un dicho común) como innovación del eros
occidental. El resultado no esperado fue la movilización hacia la frustración masculina heterosexual al proponer una idealización de signos (compartidos)
todos ilusorios (pura ideología).
La batalla cultural no es simplemente una metáfora, va en
serio. El planteo no proviene solo de un sector ideologizado, a no confundirse. Fredric Jameson en uno de sus conocidos ensayos sobre la cultura posmoderna sostiene que la tecnología y los medios masivos de comunicación cumplen una función epistemológica. Y esto, ¿qué quiere decir? El giro cultural que anticipó en los años ´90 del siglo pasado trata de algo vivo en la actualidad: la verdad, la razón; el deseo, hoy están movilizados por las redes sociales y sus múltiples agentes de reproducción (sin olvidarnos del consumo). La batalla cultural que propone de la nueva derecha viene de la mano de las altas tecnologías y de una sociedad extraviada en
conflictos sin reconocer un nuevo horizonte para el siglo XXI.
Andrés Collado,
noviembre 2025

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